En la estela política del G-20

La Cumbre mexicana del G-20 ha dejado expectativas abiertas e incógnitas sin cerrar a estas horas. Y también, sobre la mesa, borradores de un protocolo nuevo para el tratamiento político de los problemas económicos internacionales, cada vez más afectados o signados de globalidad.

La insistencia del presidente Obama en subrayar la relevancia de los problemas del Euro, enfatizando sobre lo conveniente de combinar fórmulas de crecimiento a corto con las recetas de austeridad a largo plazo, para que lo primero no se traduzca al cabo en un desandar lo ya transitado, no ha sido nada novedoso. Detrás de una postura y la otra, la norteamericana y la alemana, late algo más que keynesianismo y monetarismo: están las elecciones que esperan a Barack Obama y Angela Merkel.

Pocas veces han estado más “contaminados” de política los discursos económicos. Pero también en pocas ocasiones han convergido en un problema regional, el de la Eurozona, tantas inquietudes e intereses de otras partes y poderes del resto del mundo. La viva y compartida percepción de la económica globalidad sistémica en que todos vamos embarcados, se traduce en una dinámica de multipolaridad en la que ahora aparecen voces que antes no se oían o simplemente no se escuchaban.

Voces en lo económico como las de India y Brasil, China y Rusia tienen en el G-20 un específico foro, en el que son escuchadas en uno u otro sentido, como endosos u objeciones, las posiciones propuestas; en este caso, la del presidente de Estados Unidos.

El específico interés de Obama podrá tener una legítima clave electoral (si la economía europea no se reanima tampoco lo hará la economía norteamericana y ello mermaría las posibilidades de reelección); pero tal interés está integrado en la común conveniencia de todos en que la economía mundial salga del presente bache.

Dentro de un escenario de estas características se establecen las condiciones necesarias, e incluso las suficientes, para sea posible e inmediatamente real una síntesis de estrategias en la que se conjuntaría el crecimiento a corto plazo con la austeridad a largo plazo. Algo a lo que se acaban de referir en Los Cabos fuentes norteamericanos durante la Cumbre mexicana del G-20. La suma de las dichas condiciones “globales” habría aportado la masa crítica necesaria para flexibilizar el “teutonato” merkeliano, visto el no menos crítico panorama en que se encontraba sumida estos días la cuestión de la insoportable deuda soberana en España e Italia y el inasumible rango de la prima de riesgo.

La inmediata conclusión de la auditoria cursante del sistema financiero español, más la Cumbre romana a cuatro de este viernes, con Mario Monti, François Hollande, Mariano Rajoy y la canciller Merkel, puede llevar, tras la reunión de hoy por el Eurogrupo, a que el próximo Consejo Europeo en Bruselas, cierre políticamente el capítulo de la deuda soberana.

Todo está todavía prendido con alfileres y envuelto en brumas dentro de este cambiado escenario de última hora, con la estela de la Cumbre del G-20. Allí, la insistencia norteamericana parece haber actuado como catalizador del posiblemente abierto proceso de cambio.