El rictus de la salamandra

Esta nueva forma de presión alemana (no militar) sobre el resto de Europa, instrumentada en términos de inmisericorde restricción monetaria sobre socios de la Eurozona como España que, sin haber sido previamente intervenidos y estar haciendo sus deberes conforme los términos y condiciones que se exigen a otros socios que sí tienen los “hombres de negro” en casa; este enrocamiento merkeliano en la rigidez, es tan materia de disenso expreso como fuente de expectativas nuevas. Especialmente después del resultado favorable al Euro habido en las elecciones griegas del pasado domingo, con el triunfo de los partidos mayoritarios.

Desde ahora mismo, con la Cumbre mexicana del G/20, y en el tiempo que media hasta el encuentro en Roma del próximo viernes, día 22, de Mario Monti, François Hollande, Mariano Rajoy y Angela Merkel, y la próxima Cumbre del Consejo Europeo en Bruselas, cabría esperar una flexión de la postura de Berlín. Por más que la presión del Gobierno francés, ahora con el endoso de la absoluta mayoría parlamentaria obtenido el pasado domingo, haya sido desestimado por la canciller alemana, que parece estar capitalizándose en firmeza ante las elecciones federales en Alemania del año próximo.

Fundamentaría tal espera el cambio de contexto que ha mediado desde la última semana, tanto por el dicho resultado electoral griego, como por la Cumbre del G/20 – en la que a nivel poco más que sólo académico, según experiencia de los precedentes, el problema del Euro será abordado desde una óptica global dado el nivel de representación que expresan los reunidos – y, sobre todo, por la sobrevenida conciencia de lo corto del plazo que resta para resolver presente y futuro del Euro.

Las manifestaciones coincidentes de Christine Lagarde, directora del Fondo Monetario Internacional, y de George Soros, el gurú inversionista, en el sentido de que el límite temporal sería de sólo 90 días, habrían globalizado la percepción de que es estrictamente necesario modificar desde ya mismo la operativa política con que se abordó hasta ahora el problema de la moneda única para Europa.

¿En qué puede traducirse ya el comienzo del cambio que el mundo espera ya, menos de Bruselas que del propio Berlín, habida cuenta además de cómo han traducido los mercados, en términos de prima de riesgo, lo ocurrido este domingo en las urnas griegas? La expectativa de que tal resultado liberase a España e Italia de la presión soportada en estos últimos días, se ha venido por los suelos al llegar la prima de riesgo de nuestra deuda a un nivel insoportable e inasumible.

Todavía a estas horas, con la situación “crítica” de la Economía española según el ministro Montoro, por parte del Banco Central Europeo (BCE), el rictus de la salamandra permanece impasible. Ajeno al tiempo y a su paso, como una pintura del Renacimiento italiano. Si Berlín no respira podríamos dejar de respirar nosotros.