El espanto de Al Hula

La matanza domiciliaria de un largo centenar de personas en la localidad siria de Al Hula, perteneciente a la provincia de Homs, ha provocado, como no podía ser de otra manera, una reacción fulminante de la comunidad política occidental, cuyos Gobiernos han expulsado a las respectivas representaciones diplomáticas del régimen alauí de Damasco.

Que la cuenta de 40 bajas mortales provocada por el bombardeo sobre la localidad con la artillería y los disparos de los carros de combate, fuera más que doblada por los asesinatos practicados a domicilio mediante la actuación de los milicianos Shabbiya, componentes de la retaguardia del poder sectario instalado en el país, supera cuanto quepa imaginar de sectarismo, crueldad y odio, por parte de un sistema aglutinado en torno a una casta militar entroncada en el chiísmo y que sólo representa al 10 por ciento de la población masivamente adscrita al sunismo, junto a una importante minoría cristiana.

Pero el espanto de este episodio dentro de la asimétrica guerra civil en que se encuentra sumida la nación siria, sube aun más en su significación por el hecho de que en las aun no cerradas cuentas de la masacre sean 49 las víctimas infantiles encontradas y 34 las mujeres ejecutadas con ellos en sus viviendas. Los Shabbiya actuaron casa por casa cuando hubo acabado el bombardeo artillero y de los carros de combate.

Ante un suceso de esta magnitud se entiende la contundencia de la reacción occidental de expulsar en bloque a las representaciones diplomáticas de Damasco; medida que no excluye otro tanto por parte de otros Gobiernos integrados en la Liga Árabe, y que se verá acompañada de actuaciones diplomáticas en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, orientadas en pos de una Resolución condenatoria del Gobierno de Bashar el Assad. Cosa esta que resultará imposible por la oposición a ello de Rusia y de China, con derecho de veto en el Consejo, que o bien han ejercido o han advertido de que lo harían en diversas ocasiones, durante el dilatado tiempo que dura ya esta otra desembocadura en la violencia del proceso de cambio que trajo la “primavera árabe”, por el norte de África y por el Asia Menor.

Por todo lo ocurrido en Al Hula, y por lo considerado sobre lo que ha sido hasta ahora por la ejecutoria de Rusia, las miradas se vuelven a estas horas hacia el Moscú de la diarquía allí gobernante, especialmente por el hecho de que este sábado visita París Vladimir Putín. Y lo hará en un momento político en el que Francia, desde su pasado en esa parte de Asia Menor tras de la Primera Guerra Mundial, es de todos los Gobiernos europeos el que más ardor demuestra en la reacción crítica contra el actual régimen sirio, significadamente desestabilizador del vecino Líbano, al que le llegan los coletazos del cáncer nacional sirio.

Y a propósito de cánceres, no deja de ser significativo que el Chávez emplazado por sus metástasis, haya querido alzar la voz de su adhesión a Damasco como contrapunto a la sanción moral de los Gobiernos occidentales contra el actual de Siria, pero probablemente también como aviso a la oposición democrática venezolana de que su propio poder dispone asimismo de sus correspondientes milicias, de sus Shabbiyas, lo mismo que el régimen de Teherán – aliado fraternal el régimen de Damasco – tiene entre sus recursos de fuerza, además de los Guardianes de la Revolución (ejército dentro del Ejército) a una milicia policial empleada sistemáticamente contra los manifestantes en sus protestas contra los pucherazos electorales. La cultura de la represión sistémica no tiene fronteras.