La octava colina de Roma

Hagamos cuentas. Si a las siete colinas sobre las que se levanta Roma añadimos una más, lo que resulta de denominar “cumbre europea” el convenido encuentro acuerdo, allí entre la canciller Angela Merkel, el presidente francés F. Hollande y el italiano Mario Monti, gestor de último recurso del Gobierno de Italia, resultará que no serán siete sino ocho las prominencias sobre las que se levantará durante unas horas la capital italiana.

No cabe en puridad halar de “cumbre europea” lo que resulta ser pacto de exclusión de España del directorio que en la Eurozona reemplace el eje franco-alemán, tan severamente agrietado por las urnas presidenciales francesas, en la conducción política que rescate el Euro de sus tribulaciones presentes y de sacudidas futuras. Trae este desenlace luz y explica en buena parte dos cosas convergentes: aquellas afirmaciones – rectificadas después tras las protestas de Mariano Rajoy – sobre supuestas dificultades extremas de España hechas por el presidente del Consejo italiano ante los periodistas que le acompañaban de regreso de un viaje a Egipto, y el envenenado capotazo sobre la banca española del actual presidente francés, con el que este miércoles se verá en el Elíseo con el presidente del Gobierno español.

La pinza italofrancesa ha sido poco menos que de libro para apartar a España del primado político europeo en estas horas de reajuste tras del cambio introducido por el resultado electoral francés. Una operación orientada, de otra parte, a enmascarar las propias dificultades o carencias respectivas de los dos convergentes: el porte de la cornada inferida por la crisis de la deuda griega a los bancos franceses y el déficit de legitimidad democrática con el que navega la república italiana, recluida en la terapia de la gestión tecnocrática por la helenizante incapacidad política de afrontar desde la política democrática misma los costes sociales de la crisis fiscal y financiera.

Datos unos y otros merecedores de la pertinente computación por las tasadores internacionales de riesgo, pero que son susceptibles de enmascaramiento en la propia medida que sean manipulados los focos de atención con el tráfico político de símbolos y señales, tanto por acción como por omisión, con la maniobra franco-italiana para promover un directorio europeo alternativo al eje Berlín-París. De momento, Mario Monti ha activado su propio montaje afirmando “ahora que nuestro país está en regla podemos proponer algunos cambios …”

Las próximas horas alumbrarán sobre cuánto y cómo “la octava colina de Roma” se ha reflejado en el solicitado encuentro fluvial por Angela Merkel, más allá del espectáculo de los rascacielos de Chicago – sede de la Cumbre de la OTAN – reflejados en las aguas del río del mismo nombre y en las del lago Michigan. Aguas presumiblemente amargas. A estas alturas de la cuestión, tras de la semana crítica padecida, y mientras se especula sobre el mensaje trasmitido por la canciller alemana al presidente del Gobierno, sería de esperar que el mensaje fuera distinto del preanunciado, con lo de la ayuda a los bancos españoles, por el anfitrión de pasado mañana en París. Y distinto asimismo el clima en el que Rajoy también haya de lidiar este mismo miércoles en el Consejo Europeo de Bruselas.