Argentina, en el peso de las herencias

Si hubiera utillaje para medir los vientos de la política y los temporales de la economía, podríamos encontrarnos ahora mismo con registros bien significativos en los barómetros de nuestra diplomacia, igual que los tenemos en las balanzas presupuestarias. Unas y otras mediciones expresan las cuentas de cuanto ayer se hizo o se dejó de hacer en un orden y en el otro. Se trata de herencias legadas por el pasado y su peculiaridad estriba en que son de obligada aceptación. No cabe recibirlas a beneficio de inventario. Componen el cuadro genético de nuestro presente en uno y otro orden de cosas. No nos legaron capacidades de hacer, y nos trajeron cargas que nos lastran para responder a los retos del presente.

Y aunque las partes que componen lo recibido pueden ser de muy varia naturaleza, ello no obsta para que todas y cada una de ellas compartan un estilo que define y retrata una única autoría. Ello es tanto como la marca de la casa, el certificado de identidad. Era menester este exordio para poder integrar en una sola visión, y para su compartida comprensión, cosas en principio tan diferentes como son el expolio de IPF y el peso real de nuestro desequilibrio presupuestario, de nuestro déficit, presentado ante la Comisión Europea y por la misma Comisión finalmente auditado.

Pero ¿qué tiene que ver con esto lo sucedido con el expolio de YPF?, podría preguntarse el lector. Pues que el causante de las dos herencias es el mismo y que si no se hubiera pasado por alto el atraco de Aerolíneas Argentinas, los montoneritos que componen la guardia pretoriana de la Viuda se lo habrían, al menos, pensado un poco más antes de arramblar con el paquete mayoritario de las acciones pertenecientes a Repsol.

La desidia diplomática habida con “Aerolíneas Argentinas” sentó las bases, las condiciones para que medrara la tentación para lo que ha sido el impulso hacia el botín de YPF; impulso detonado con la noticia de los yacimientos de “Vaca Muerta”. La entidad gigantesca de éstos ha dado pie, a su vez, para que se inicie un eventual proceso de acumulación de compradores americanos, europeos y asiáticos, todos supuestamente indiferentes al fondo de litigio existente por las reclamaciones españolas ante Buenos Aires para que pague el justiprecio correspondiente y, de esta forma, la expropiación no quede en un atraco; y de otra parte, para que la Unión Europea tome sus medidas de retorsión frente a la República Argentina, si allí hacen oídos sordos a las compensaciones que corresponden conforme el Derecho Internacional.

Esa herencia recibida con el desarme diplomático en política exterior ha traído este megaproblema con Argentina, mientras que la otra herencia, la de la catastrófica política económica, ha echado sobre las espaldas del pueblo español el peso ingente de las necesarias reformas para cumplir con los compromisos suscritos en Bruselas sobre el déficit realmente acumulado. Tan sustantivamente alejado del declarado por los Gobiernos socialistas.

Nunca en la historia de la democracia de 1978 se había producido tal acumulación de cargas, de herencias de ruinas sobre las espaldas del pueblo español y contra la imagen internacional de solvencia de nuestra realidad nacional. Acaso faltaba sólo que la irresponsable oposición se cebe en los problemas hercúleos del Gobierno para movilizar la calle a su favor. Como queriéndole cobrar la negra factura de esas dos herencias eyectadas desde el pasado. La interior, con el mayor censo europeo de parados. Y la internacional, por haber desmontados con transigencias indebidas la disuasión necesaria frente a la delincuencia populista.