La espada populista de Damocles

Crece y se clarifica el nivel de extorsión que corresponde a la segunda fase del atraco populista argentino a la inversión de Repsol en YPF. “Es algo -ha dicho el presidente Rajoy- que puede ocurrirle a cualquier otra inversión”. Una vez descarado el Gobierno de la viuda, haciendo de la expropiación un manifiesto de que regresa con armas y bagajes a lo peor de la tradición, de la crónica y de la leyenda de una clase política que se burla de la legalidad internacional y de los tribunales y árbitros aplicados a la labor de que las relaciones económicas intencionales, al socaire de la inseguridad jurídica, no se rijan por la ley de la selva.

El presidente resume en esa consideración las razones por las que, de momento al menos, no se activó mecanismo alguno de retorsión por el alevoso suceso expropiatorio. Ocurre que con la misma impunidad y desvergonzado descaro mostrados con YPF, podrían las gentes peronistas de izquierda instalada en el actual Gobierno, meter la mano en la propiedad de cualquiera otra de las empresas españolas en Argentina.

Proceden estas gentes predadoras de aquellas que se enzarzaron a tiros en Ezeiza con sus opuestos dentro del mismo rótulo político, al regreso de Perón de su exilio en España, y nutrieron luego con su etiqueta de Montoneros mucho de la masa revolucionaria (el difunto Néstor Kirchner entre ellos), prendiendo la mecha de una guerra de terrorismo masivo que llevó con pasaporte parlamentario a la dictadura militar. Sabidas son las penosas y sangrientas consecuencias de la represión aplicada por los desmanes aquellos; y sabida especialmente desde la lectura de parte hecha por las llamadas “Madres de la Plaza de Mayo”, suscribientes y apologetas, ciertas de ellas, del terrorismo etarra.

Por ahí se encuentra la identificación genética el desafuero cometido mediante una expropiación contra derecho de la inversión hecha en su día por Repsol para adquirir YPF, empresa que por razones de ineficiencia y de mangancia había fracasado como instrumento público aplicado a la explotación de los recursos nacionales en el área de los hidrocarburos. Y por ahí se explica también que por la banda del oficialismo expropiador argentino se comience a aportar las excusas y argumentos de quien se apropia de lo que no es suyo y encima pretende que no se le llame ladrón.

Quizá el más escandaloso de todos argumentos expuestos hasta ahora es el de que la empresa expropiada “tiene una deuda cercana a los nueve mil millones de euros”, según De Vito, el responsable de Planificación. Junto a eso, y conforme la misma autoridad, los gobernadores de las provincias concernidas en las diferentes áreas de explotación de los yacimientos “tienen muchas reclamaciones que hacer …” En cualquier caso, sobre el papel (argentino) habrá que esperar, por esperar algo, a que el Tribunal de Tasación se pronuncie sobre el valor económico de lo expropiado, mientras que, de otra parte, parece lo razonable que el Gobierno español esté ahora entre otros extremos relevantes del asunto, en el análisis de los riesgos proporcionales a la contundencia de las debidas medidas de retorsión. Conviene ciertamente insistir en el hecho de que ciertas de las empresas españolas establecidas en Argentina están objetivamente constituidas en régimen de rehenes. Pudiera ocurrirles lo que a Repsol, como Rajoy ha dicho. Tienen sobre sí la espada populista de Damocles. Atentos a la pantalla ante el Consejo de Ministros de mañana.

PD.- La diplomacia española podría estar alerta para el momento que Washington reclame a Madrid cualquiera cosa normalmente solicitable, por conforme a derecho y justicia, como lo ha sido la expectativa española de que Obama endosara con claridad proporcional, congruente y decente la solidaridad que merecía un aliado agredido por el populismo que cancera el presente y el futuro de Argentina.