Del atraco a la extorsión

La consolidación kitshneriana del cleptopopulismo (perdón por la redundancia) a manos de la consorte de quien privatizó YPF, adquirida luego por Repsol, rescatándola del marasmo y la ineficiencia a que la habían llevado los gestores públicos argentinos; el butrón anunciado el lunes en la seguridad jurídica que sostiene las relaciones económicas internacionales, no sólo ha llevado a una expropiación en régimen de atraco, sino que lo ha hecho con el agravante de situarlo en un cuadro de extorsión.

El tupido tejido empresarial español en Argentina, igual en sectores estratégicos como la banca, la electricidad y las telecomunicaciones, y en los más diversos ámbitos empresariales, comparece ahora instalado bajo un cielo preñado de potenciales amenazas. El rayo expropiatorio puede caer sobre cualquier punto de ese tejido expropiatorio, cuya extensión y consistencia responde al hecho de que la española es la más importante de cuantas inversiones exteriores existen en el país. Todo ello como resultante de las condiciones de afinidad estructural, por la Historia y la población, propias de un hecho de fraternidad que a lo largo de los años ha dado pie a puntuales y decisivas asistencias recíprocas entre España y la República del Plata.

Sin embargo, el sentido de todo eso ha sido ignorado por la huésped de la Casa Rosada. Y por eso mismo, sentado el enorme precedente acumulado tras del caso de Aerolíneas Argentinas, el potencial de fratricidio establecido con Repsol, la eventualidad de nuevas expropiaciones, se resuelve obviamente como materia de extorsión. Todo ese tejido empresarial español en Argentina resulta referencia obligada para las decisiones que en estas horas prepare el Gobierno español para instrumentar la exigida retorsión, a fin de que las huestes hemisféricas amigas de lo ajeno no crean que todo el monte es orégano y tomen al Gobierno de Mariano Rajoy – como tomaron a los de Rodríguez Zapatero – por el pito del sereno.

O sea, que el implícito horizonte de extorsión creado sobre las demás multinacionales españolas en Argentina – y por extensión en los restantes horizontes nacionales del populismo bolivariano -, con la caza de YPF, está gravitando ya sobre la necesidad de que España articule un cuadro de retorsión, de réplica, que sea adecuadamente proporcional, disuasorio, a lo sucedido en Argentina. Las disyuntivas sobre el gravísimo particular ya habrán sido lógicamente consideradas por el Gobierno en el gabinete de crisis habido durante la tarde del lunes, una vez sabida la decisión final de la viuda de Néstor Kirchner, que en su día defendió que YPF se privatizara.

En paralelo a los análisis que se hayan podido hacer desde esta perspectiva del problema, es lo propio que se hayan dispuesto los movimientos para articular lo que pudiera considerarse la promovida réplica de contexto internacional. Así, a través de la Unión Europea, por medio de la Comisión y a través de los apoyos puntuales de los demás Gobiernos comunitarios; o por medio de las naciones iberoamericanas afectas a la libertad política, la seguridad política y la empresa libre. También, junto al eventual apoyo de Estados Unidos, en cuya Bolsa de Nueva York cotiza Repsol, hay que considerar eventuales labores de activación informativa y política en foros internacionales como el G20 y la Organización Internacional de Comercio. Todos y cada uno de estos espacios de interlocución, debe considerarse que han sido ya pulsados por el Gobierno.

El eje de la extorsión potencial está situado en nuestra relación bilateral con el Gobierno argentino, a cuyo embajador en Madrid le habrán sido notificados ya en Asuntos Exteriores términos precisos de los cargos y el alcance principal de las consecuencias que se derivan de la ilegal apropiación del accionariado español de YPF, por más que el embajador haya declarado que todo fue “muy bien” en su segunda comparecencia en el ministerio.

Pero de momento, salvadas las primeras declaraciones de Mariano Rajoy en el foro mexicano de Puerto Vallarta, habrá que esperar al Consejo de Ministros próximo, en el que García-Margallo, el titular de Exteriores, propondrá las medidas de retorsión que se prepara en estos momentos. No es tiempo ahora, menos que nunca, el de dar un solo paso en falso, pues afecta al destino de los rehenes…