La cornada de Vaca Muerta

Ocurrido el suceso que se preveía en el orden de los latrocinios de Estado, la primera pregunta que sobreviene es la de hasta dónde irán, como réplica en el plano político, las represalias españolas, y hasta qué extremos lo hará la dúplica argentina. Una cosa y la otra corresponden a los tramos básicos, iniciales, de la espiral del conflicto entre Madrid y Buenos Aires por causa de la apropiación de unos bienes, los de la privatizada YPF, adquiridos por Repsol en 1999, durante la presidencia de Carlos Menem, tras del fracaso argentino en la explotación de esa petrolera.

La histérica brutalidad con que la gobernanta argentina ha regresado a Buenos Aires desde Cartagena de Indias – donde no ha obtenido el comprensible apoyo que esperaba en la cuestión de las Malvinas – se ha resuelto ideológicamente en una estampa hemisférica en la que a un Hugo Chávez, con la vida emplazada a fecha fija y pronta, le releva una “viuda negra” que, por apropiarse de todo, arrambla también con la imagen de la misma Evita Perón.

A estas horas, la “nacionalización” de YPF hace que el polo ardiente del populismo suramericano haya pasado, radicalizándose todavía más, de Caracas a Buenos Aires. Pero lo más grave de este asunto en términos de daños ocasionados, es el muy inmenso que causa a la propio nación argentina, pues radicaliza todavía más el descrédito universal, por inseguridad jurídica, en que vuelve a sumirla.

Para desgracia del pueblo argentino, el populismo en su eterno retorno ha conseguido que con estas recurrencias en la predación esté a estas horas en la otra cara de la moneda. Es decir, en las antípodas políticas, económicas y morales propias de la Cueva de Alí Babá. Si alguien no supiera que es la falta de seguridad jurídica, encontraría en esta apropiación del bien ajeno en qué consiste la “nacionalización” de YPF el más clamoroso de los ejemplos.

¿Cómo esperará la Casa Rosada que acoja el mundo una desvergüenza política de este porte? Importa más de momento qué haga la Unión Europea, cómo reaccionen las autoridades norteamericanas, por el hecho de que las acciones de Repsol coticen en la Bolsa de Nueva York, y qué pueda suceder con las otras empresas españolas, en el sector energético y en el de la Banca, que cual sea el precio con el que el Gobierno argentino, a través de un Tribunal de Tasación (¿) pretenda fijar el valor de lo confiscado con el arramblamiento de YPF. Al igual que las demás macanas con que tales “autoridades” pretendan vestir el muñeco de ese asalto a un derecho de propiedad, legítimamente adquirido y complementado en las condiciones pactadas de su explotación con más de ocho mil millones de euros en sólo cinco años.

Una perspectiva de diván no podía faltar, en estas consideraciones, tratándose del país de que se trata. Pertenece a ella la ya apuntada estimación de que haya podido ser el descubrimiento de los yacimientos de hidrocarburos de Vaca Muerta lo que haya desatado la expropiación, la cornada inferida a la parte española que compró YPF. Otro atraco en fin, de muchísima mayor magnitud que aquel otro con Aerolíneas Argentinas.

En cualquier caso, conveniente será atarse los machos ante el panorama que se abre a España con aquel país fraternal gobernado una vez más por gentes que lo saquean, desprestigian y empobrecen. A corto, medio y largo plazo.