Soldados del Califato

Mohamed Merah se ha llevado al paraíso de Alá la información que la Policía buscaba y por la que pregunta la gente. Esa información que respondería a la pregunta de hasta dónde sus acciones terroristas resultaron de un proceder personal o básicamente autónomo, o respondían a una orden recibida desde un escalón de mando de Al Qaeda, no en términos necesariamente puntuales sino conforme nuevos esquemas operativos de la organización terrorista. Sobre el tapete está la interrogante de cuál va ser, o está siendo ya, la política terrorista que se haya planteado Anuar el Sawahiri, el sucesor de Ben Laden y nuevo “emir” del terrorismo islamista; de quien se dice que la tiene especialmente jurada a Francia por la invasión que les hizo Napoleón en sus campaña militares.

Cazado con un tiro en la cabeza por un francotirador de la policía, apostado en el exterior de la vivienda, cuando el terrorista intentaba escapar al mediodía de ayer y luego de más de 30 horas de asedio por las fuerzas de orden, consiguió Merah sin embargo que no se le capturase vivo, pues en tal caso se le habrían extraído informaciones nunca triviales, por ejemplo, sobre el origen de los recursos económicos que le permitieron desplazarse a Pakistán y Afganistán, siendo un pelanas sin ingresos, para “doctorarse” en las artes del terror islámico y para imbuirse de las claves y resortes mentales del fanatismo islamista.

De todos modos, respecto de la eventual nueva configuración de Al Qaeda, es de advertir que el hecho de que una de las nuevas dependencias más o menos orgánicas de ésta, los “Soldados del Califato” al que Merah dijo pertenecer en sus conversaciones con la fuerza policial de elite que le había puesto cerco, deja entrever en su sentido semántico, que el nombre apunta más a una fórmula de activistas que se mueven a su aire, dependientes de las ocasiones que se presenten, que a un enunciado organizativo diferente, como conjunto de comandos a los que les resulta propio un sentido cierto de organización, incluso con principios de jerarquía interna.

Sin embargo, es de señalar que el asesino en cuestión, que ha tenido en vilo a los franceses en particular y a los europeos en general, no se ha llevado al otro mundo todas las particularidades concernientes a su vida y su activismo dentro de la grey yihadista. Algo valioso habrán obtenido las autoridades francesas de los interrogatorios practicados a gentes del entorno de Merah, especialmente a un hermano suyo, con sabidos contactos en medios salafistas y con explosivos hallados en su automóvil. Este conjunto de detenidos podrían aportar con sus declaraciones datos de importancia cierta, aunque nunca del valor que habrían tenido los cantes que Mohamed se resistió hasta la muerte hacer a la Policía.

También resultan del mayor interés los planes de las autoridades francesas de llevar al Código Penal, como nuevos tipos delictivos la consulta asidua a páginas de Internet en las que se haga apología del terrorismo, los viajes a países significados por albergar escuelas de adoctrinamiento en el extremismo islámico, y difundir mensaje que promuevan el odio. Será tal un empeño de tan lógica suscitación como problemática plasmación, por rozar en principio limitaciones de derechos individuales. Pero de una forma u otra resulta incuestionable la necesidad  de rigorizar los sistemas de prevención puesto que las sociedades mixtas propias del multiculturalismo plantean problemas de seguridad colectiva y riesgos para la seguridad nacional tan serios como el aflorado en Francia esta semana. Un suceso de presentación francesa y de preocupación asimismo europea.

Y una posdata para españoles. No resulta previsible que aun habiendo sucedido los actos terroristas de Toulouse en un escenario electoral, como el que había en España el 11-M, no se le ocurrirá a ningún candidato francés hacer el uso político que aquí se hizo del atentado aquel. Tienen nuestros vecinos transpirenaicos un sabido y envidiable sentido de la unidad nacional.