Venezuela, pendiente del quirófano

Este lunes, o mañana martes, Hugo Chávez, presidente de Venezuela, será ingresado nuevamente en un quirófano cubano para ser intervenido también de un tumor intestinal, menos de un año después de la primera de las dos operaciones a que fue sometido en La Habana; primero, de un absceso pélvico diagnosticado en una primera ronda quirúrgica, y después, en segunda intervención, de un tumor canceroso. Parece lo propio que esta tercera intervención venga causada por un mal de la misma naturaleza, tras haber circulado versiones médicas en el sentido de que todo el proceso trae su origen de un despliegue de afecciones tumorales resultantes de un cáncer de próstata. Con precisiones, de otro punto, centradas en el supuesto desorden clínico observado por el enfermo, cuyas necesidades médicas habrían sido pospuestas, en momentos críticos, a necesidades y urgencias políticas.

 

Por lo que fuera, lo más cierto es que la crónica de la muy grave dolencia que afecta al caudillo bolivariano, ocupa de arriba abajo y de izquierda a derecha el interés nacional

de los venezolanos y, por extensión, del propio régimen de Cuba, lo mismo que el de  gobiernos americanos involucrados en el proyecto chavista; unos, por simple vinculación político-ideológica, y otros, la inmensa mayoría, por un correlato de dependencia soportado en las arcas de Venezuela, como bien de manifiesto prueba la involución económica del país: acosado por la inflación, sangrado por la corrupción y deprimido por el rendimiento decreciente en las explotaciones de sus hidrocarburos a resultas de la hostilidad del régimen con las multinacionales.

La media Venezuela solidariamente atenta al quirófano cubano es la que sigue y vota a Hugo Chávez. Pero no menos atenta y expectante está la otra media, representada y partícipe en las elecciones primarias recién celebradas sobre los diferentes candidatos de la oposición; comicios donde ha prevalecido la figura de H. Capriles, gobernador del Estado de Miranda, que será el antagonista de Hugo Chávez en las elecciones presidenciales del mes de octubre próximo. Si es que para entonces el mecenas de la izquierda iberoamericana conserva aun resuello político y biológico…

En cualquier caso, a Venezuela le espera un otoño crítico. Si por una parte lo que se emplaza y lo que se espera es que la libertad política fluya por el cauce institucional de las instituciones democráticas, por otra parte lo que se presume y se teme es que los poderes fácticos del régimen – los armados milicianos de dentro y los cubanos de fuera, sumados al peso de las distorsiones que emanan de la corrupción  verticalmente sufragada por el sistema – se traduzca en un golpe de fuerza que aborte  el restablecimiento de las libertades plenarias en la democracia venezolana.

Son otras metástasis que las de los tumores del presidente aquellas que resultan potencialmente capaces de dar al traste con las expectativas de cambio en Venezuela, y desde ahí en el hemisferio hispánico. Sin el discurso y sin los recursos del petróleo  manejados por Hugo Chávez, el cambio se dejaría sentir en términos sistémicos. Por eso se puede decir por extensión que es medio subcontinente lo que, entre hoy y mañana, estará críticamente interesado en el quirófano de La Habana.