Sarkozy, en la arena electoral

Marsella, que ha sido plaza fuerte del lepenismo, del discurso extremo de la derecha francesa, ha sido elegida por Nicolas Sarkozy como su punto de aterrizaje y contacto con la arena electoral. Y no lo ha hecho por otra razón que eso: por ser el granero de las definiciones más aristadas y las referencias más nítidas para el discurso más alternativo al del socialismo de Hollande, cuya imagen hasta el momento le lleva una sensible ventaja en las encuestas.

La idea de que su gestión presidencial es lo que ha salvado a Francia de la catástrofe ocasionada por la presente crisis económica, que califica de la más graves y más profunda desde la de los años 30, es la que ha vertebrado su discurso, articulado en términos muy parecidos a todos los momentos, a lo largo de la V República, cuando el sentido de lo nacional era servido de forma más nítida desde la extrema derecha, o cuando la izquierda socialista lograba proponer de modo más peligroso, como es ahora el caso, sus paradigmas sociales y económicos alternativos.

Tal ha sido el caso tan significativo del pacto entre Hollande y los ecologistas para cortarle la cresta a las centrales nucleares en Francia, que han sido con su absoluta preponderancia en el modelo energético galo, la determinante de la independencia y seguridad nacionales en tan crítico componente económico. Lo cual tiene una especial significación ahora, cuando al Gobierno francés se le acaba de entregar un informe en el que se pide el alargamiento de la vida de las propia centrales nucleares más allá de los 40 años. A lo que se está yendo en los países con parques nucleares significativas. Ello choca frontalmente con la propuestas socialistas en sentido contrario, que resulta del propio debilitamiento del discurso ideológico de la izquierda histórica, origen de discursos de sustitución montados con materiales de aluvión del más diverso contenido temático. Así las alternativas energéticas o las propuestas de alternativas familiares, a las que el presidente francés se ha referido de manera expresa.

Pero más allá de los contenidos temáticos planteados en el mitin de Marsella, lo que se debate en este momento es el margen y la capacidad que le resta al actual huésped del Elíseo y candidato del UPM para remontar la ventaja demoscópica que le lleva su más destacado adversario. Al insistir en que el paro sólo llega en Francia al 10 por ciento, el candidato a la reelección orienta su discurso a la materia que más corresponde al discurso histórico del socialismo y donde, a poco que avance la campaña electoral, acabará centrándose el debate.