La guerra de Irán se libra fuera

Al menos en su segundo prólogo actual, la guerra de Irán se libra fuera del espacio iraní, luego de haberlo hecho en el propio Teherán, durante el primero, con la eliminación sucesiva de científicos en energía nuclear, mediante atentados desde motocicletas, utilizadas para adosar en marcha bombas lapa sobre los automóviles de las víctimas. La más relevante de las éstas fue uno que fechas antes había regresado de Corea del Norte, siendo detectado a su regreso por el Mossad israelí en el aeropuerto de Damasco. Días después era eliminado, presumiblemente por los mismos servicios o por un agente de ellos residente en la capital de la República Islámica, acaso para neutralizar informaciones o claves con las que acceder a la obtención de artefactos nucleares, que hubiera traído consigo desde su vuelo a Pyongyang.

Tales eliminaciones físicas de técnicos y científicos iraníes han de considerarse, en mi opinión, acciones de guerra pues ese y no otro es el estado político, psicológico o moral en que se encuentran los dos Estados desde el momento que el régimen islamista de Teherán tiene declarado y definido su deseo de borrar de la faz de la Tierra al de Israel. Una situación que encuentra su correlato en el hecho de que Siria – su aliado siamés en el chiismo – se encuentra en estado técnico de guerra con los israelíes, pues nunca firmó la paz con éstos después de la guerra de 1973, y retiene en su poder los Altos del Golán.

Desde unas y otras cosas viene establecido un clima que se podría llamar “parabélico” entre estos dos Estados. Clima o contexto en el que se han producido estos asesinatos de científicos y técnicos iraníes involucrados en el programa nuclear causante de la movilización política occidental contra el régimen islamista de Teherán, en la que se ha llegado, a través de una escalada de sanciones económicas de la más diversa naturaleza, al actual embargo de las exportaciones de crudo iraní a los aliados occidentales.

A todo lo dicho, y perteneciente al mismo correlato, hay que añadir la precisión del Gobierno norteamericano de que la propia guerra no se descarta entre el abanico de medidas susceptibles de ser adoptadas para cortar el paso de Irán a la disponibilidad de la Bomba Atómica, para la que ya tiene dispuestos los vectores misilísticos precisos para poderla llevar no sólo hasta Israel sino también al propio escenario europeo. Desde ello se ha establecido lo que podría llamarse una psicosis prebélica desde la consideración variablemente conjunta, y en todo caso por ahora limitada, en que se desenvuelven Israel y Estados Unidos.

Pues bien, dentro de este cuadro de presión, recelo y prevención – especialmente por parte israelí -, se producían ayer dos “atentados a la motocicleta”, en lugares tan distintos y tan distantes como Nueva Delhi, la capital de India, y Tiflis, la capital georgiana, contra personas relacionadas o dependientes de las embajadas de Israel en tales ciudades. Son atentados que el Gobierno de Benjamín Netanyahu, desde la lógica del proceso y el juego de los precedentes, atribuye a Irán y sus aliados, concretamente las milicias de Hezbolá, radicadas en Líbano. Y aunque estos últimos atentados de ayer lleven sello de chapuza no dejan de participar de la misma naturaleza que la de los precedentes atentados en Teherán. Pero tanto unos como otros tienen el mismo sonido de tambores de guerra por causa del que parece insoluble problema nuclear de la República Islámica de Irán. Como dice el viceprimer ministro ruso, Dimitri Rogozin, “las guerras modernas serán breves y de factura impredecible”. Ojo al parche.

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