De Damasco en adelante

Habrá que ver la ejecutoria Rusia sobre Siria, mientras a cada día que pasa esta semana, con los muertos por decenas una jornada tras otra, y a la espera de este viernes, con los gentíos en las mezquitas y los francotiradores de uno y otro bando cazándose por los tejados y desde las ventanas; habrá que reparar en las cuentas anotadas por la Liga Árabe, y especialmente en lo que toca al Consejo de Cooperación del Golfo, para acercarse a los cálculos entre los que se mueve la diplomacia y la geopolítica de Moscú cuando ésta no pestañea, con la mirada gélida de Putin en el rostro y el gesto decidido a seguir adelante, ahora que todavía a la Eurozona con sus aledaños de la entera Unión Europea, parecen faltarle los últimos compases para rematar la cirugía de que ha sido objeto Grecia para su rescate, y Estados Unidos no ha reobrado todavía el pulso financiero y económico adecuado para ajustar el tono de su discurso frente al desafío aun subsistente de la República Islámica de Irán.

Ocurre, y bien sabido resulta, que el problema persa con los ayatolás de Alí Jamnei con la mochila atómica a la espalda, es un problema trabado y vertebrado con el de la Siria de los Assad, la de la minoría chií de los alauitas, que está dispuesta con uñas y dientes a no soltar su dominio sobre la mayoría suní que prevalece en torno a la mezquita damascena de los Omeya.

Rusia permanece sentada sobre el veto que interpuso, llevando a los chinos a su flanco, en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, pues Bashar el Assad prefiere la tutela rusa para su política en el Oriente Medio que el concierto con la mayoría del mundo árabe, que atraviesa una desestabilización incuestionable por causa de la oleada de cambios que éste ha experimentado en los últimos trece meses. Se ha concertado entre estas dos partes, la siria y la rusa, un pacto de intereses, definido muy a las claras.

Putin, de una parte, le arrima el ascua a la sardina del régimen de Damasco, al que le consta que después de sus graves errores cometidos, los habidos desde marzo en la primera fase, y las brutalidades cursantes ahora, le impiden llegar a ningún acuerdo con las mayorías que resultan ahora irreversiblemente disidentes. Ni los ríos ni la sangre corren hacia atrás. Y Assad, sabe de su parte que el apoyo del Kremlin no fallará porque el espacio geoestratégico que le facilita le supone una aportación de valor incalculable para el despliegue de su poder aéreo y marítimo sobre el Mediterráneo, en la línea de flotación estratégica europea, y hacia el Golfo Pérsico, el Mar Rojo y el Océano Índico, sobre la geografía del petróleo, tanto la árabe como la de los iraníes.

No son bromas ni fantasías las cuentas que se hacen y los cromos que se cruzan a estas horas entre Damasco y Moscú. Respecto de éste se trata de cartas que ya se mostraron al concluir el tiempo post-soviético para quien el mes de que viene volverá a ser elegido Jefe del Estado. Pues advirtió en su día que volvería a desplegar por todos los cielos y los siete mares sus patrullas intercontinentales y su talasocracia global, pues Rusia dispone ahora de recursos ingentes de oro negro y amarillo. Por si faltaba algún complemento informativo, ahora ha venido Dimitri Rogozin, el viceprimer ministro ruso, para decir eso de que Rusia quiere un “Ejército armado hasta los dientes que inspire temor”. Y cuando ha añadido que “las guerras modernas será breves” parece que estaba señalando, refiriéndose”, al barajado modelo de intervención militar sobre Irán para provocarle el aborto de su bomba atómica.

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