De la Primavera Árabe al invierno de violencia

Quince meses atrás, en el otoño de 2010, nadie hubiera entrevisto la posibilidad de que lo iniciado en Túnez con un suicidio a lo bonzo que prendió la mecha de la primavera política en el norte de África, hubiera desembocado a estas alturas, más allá de de los desenlaces puramente políticos en los procesos internos de Túnez, la guerra líbica, Egipto, Bahréin, Yemen, Marruecos y Siria, en el remolino diplomático en Naciones Unidas sobre el problema que enfrenta el régimen de Damasco, y en el suceso metapolítico, más allá del debate convencional sobre el cambio en el país de los faraones, que expresa la violencia inmensa que se desencadenó el pasado miércoles en Port Said al cabo de un partido de fútbol, en la que murieron 74 personas y otras 1000 resultaron heridas.

¿Qué explicación diríamos que normal cabe para el suceso egipcio en su monstruosa singularidad de violencia? Habrá que responder que ninguna. No es posible una calamidad puntual de tanta envergadura sin el recurso a un factor de manipulación política tan específico como el que corresponde, en el fondo, a un debate sobre la legitimidad en que reposa el actual “estatus quo” egipcio. Los militares se encuentran, aparentemente, en el tramo epilogal de su ejercicio del poder – un tramo ahora sin Mubarak en la jefatura del Estado, pero dentro de una indiscutible continuidad material con el mismo -, mientras que el islamismo de distinta moderación aparece como la fuerza vencedora en las elecciones parlamentarias que se celebraron a caballo del cambio de año, generando con ello un discurso de radical disconformidad por parte de los más comprometidos y arriesgados en los pulsos habidos por la plaza Tahrir.

Lo que está latiendo posiblemente en esta situación es que no existe realmente un horizonte de cambio real en Egipto dentro de las actuales circunstancias. Debe notarse, en efecto, que todavía está pendiente de ventilar tanto las elecciones presidenciales como la elección/designación de los componentes de la Comisión Constitucional que habrá de elaborar la nueva Ley Fundamental del país. Tanto una cosa como la otra apuntan a algo en lo que no se repara suficientemente cuando se contempla desde el exterior. Y así, lo mismo que son muchos quienes señalan que los cambios políticos habidos en Marruecos tras del cambio constitucional y de los comicios que se celebraron a continuación, ha sido un cambio insuficiente, cosmético en la práctica.

Pero tras de lo ocurrido en Yemen y al cabo de la guerra libia en que se debeló al régimen de Gadafi, lo más comprometido ahora corresponde a la salida que se pueda dar a la ya comenzada guerra civil en Siria, desde la esgrima rusa de su derecho de veto frente a las alternativas de Resolución en el Consejo de Seguridad basadas en la voluntad conjunta de la Liga Árabe y el modelo de directiva sugerido por Marruecos. Como si fuera, el tal posible veto como una asistencia a la gran operación de venta de material militar a Siria realizada por la Federación Rusa.

El balance de la primavera árabe no da pie, precisamente, para ninguna complacencia.

Sobre el autor de esta publicación

José Javaloyes

Cursó los estudios de Bachillerato en el colegio “Akademos” de Valencia, en cuya Universidad comenzó la carrera de Derecho, seguida después en las Universidades de Madrid y Barcelona, donde se licenció en 1961.

Graduado por la Escuela Oficial de Periodismo, promoción de 1962.

Redactor de “El Correo Español- El Pueblo Vasco” (1962-1967). De 1967 a 1979, colaborador en los Servicios Informativos de TVE: redactor-presentador de Telediarios, enviado especial, director de programas. Corresponsal en Bilbao de “El Economista” y redactor fundador de “Desarrollo”.

En la Redacción de ABC desde 1967: siempre editorialista, jefe de Internacional, redactor-jefe, subdirector Área de Economía, subdirector de Edición. Corresponsal de guerra en Oriente Próximo y enviado especial en América, África y Europa.

Premio “Luca de Tena” (1971) por un artículo editorial “Los límites del presidente Allende”; y premio del Círculo Catalán en Madrid – “ex aequo” con Julián Marías – por un comentario sobre Joseph Tarradellas.

Ha sido columnista en “Estrella Digital” y es articulista en “ABC”, “Expansión” y “Atenea”. Conferenciante. Prepara una novela sobre la España republicana y considera la próxima edición de su obra poética.