Chávez, apogeo en el epílogo

Me refiero al apogeo de la inseguridad jurídica venezolana en el epílogo de la vida política del presidente Chávez, al que filtraciones médicas fiables atribuyen unas expectativas de supervivencia al cáncer que padece centradas entre los nueve meses y un año. Afecta la inseguridad jurídica en lo económico, como no podía ser de otra manera, al sector de la Banca privada en aquellas de sus cabeceras que no han sido objeto aún de expropiación. Y si en un episodio anterior la onda expropiatoria se llevó por delante una entidad propiedad del Santander, en este turno de ahora es una entidad perteneciente al BBVA la que se encuentra amenazada junto a otras dos por parte del caudillo bolivariano.

También, como no podía ser de otra manera, la gestación del proceso se ha revestido de las parafernalias que son de ritual y propias de la estética populista de este personaje, a caballo de la novela y del sainete. Pues ha incluido, como nuestros lectores han podido saber en nuestra anterior edición, amenazas retransmitidas en directo a la dirección de la entidad bancaria en afectada, por medio del programa “Aló Presidente”. Que es el recurso escénico del que Chávez se sirve para llevar la noticia y aplicación de su política a los hogares venezolanos. De tal manera, mediante la televisión de que dispone, puede llevar la intoxicación y la propaganda a las mayorías analfabetas adonde no llegaría en el caso de que la TV y la radio no existieran.

Sin garantía alguna para el justiprecio de los negocios expropiados por no avenirse en el ejercicio de la actividad económica dentro de los márgenes de la ley a los dictados del régimen, Hugo Chávez, en el ejercicio de las potestades que se adjudica para instrumentar el “socialismo del siglo XXI”, quita de en medio a cuantas empresas de base se resisten a ser conducidas en sus propios menesteres por donde impone la planificación socialista del chavismo.

Y así va rodando la cosa. Con la inflación disparada y la corrupción galopante, a velocidad y profundidad proporcionales al rango con que se expande y se intensifica la presión socialista contra la libertad de los agentes económicos que estuvieron amparados por el Derecho. Los alimentos y las medicinas se pudren en los contenedores portuarios o en cualquiera otro de los tramos de la distribución, desde el momento en que fueron intervenidos por el Estado los correspondientes sectores. Venezuela retrocede más en su economía y al propio ritmo que avanza con la revolución bolivariana, el cáncer que inunda a este más que polémico personaje.

La intensificación de estas prácticas populistas que naufragan en la incompetencia gestora, parece, en consecuencia, ir en paralelo a la confirmación no siempre fragmentaria de la grave enfermedad que padece el autor del sistema político venezolano. El propósito de afianzar la adhesión de las necesarias mayorías no consigue llegar a puerto por las dichas razones, mientras que la dolencia presidencial sí parece acercarse al suyo, según y conforme lo que se afirma en fuentes médicas. De ahí lo que se escribe en el encabezamiento de esta nota. El propio epílogo se trenza con el apogeo de la chapuza solitaria.