Cáncer determinante en Centroamérica

Un cáncer desplegado en metástasis plural es determinante a bien corto plazo contra la vida de quien lo padece. Si el enfermo es Hugo Chávez, quien no sólo manda de su sabida peculiar manera en Venezuela, sino que influye de forma directa en el proceder y orientación de un conjunto de Gobiernos al que pertenece su región, la terminal enfermedad genera consecuencias internas en tal conjunto de países, que atiende por el nombre de bloque bolivariano. En este sentido he titulado la presente nota de actualidad internacional sobre el mundo iberoamericano, pues pocas cosas son las que nos pueden resultar ajenas en esto, que va mucho más allá de quedarse en un suceso médico. La cosa en sí misma no deja de tener su notoriedad por todo lo que revela sobre el apego al poder de un personaje que ha quemado su margen de supervivencia a la enfermedad, con tal de no perder el control de un poder que se le acaba como la propia vida.

El horizonte que se divisa desde la información sobre la metástasis del cáncer que padece Hugo Chávez, aflorado informativamente en junio del año pasado, es una perspectiva parcelable en varios tramos, expresado en círculos concéntricos. Desde el núcleo venezolano a los ámbitos sucesivos.

En primer lugar, de puertas de Venezuela para afuera, la ya emplazada desaparición de Hugo Chávez afectará de forma poco menos que dramática al régimen castrista de Cuba, que hasta ahora, luego de la desaparición de la URSS y desde la llegada de Chávez al poder, ha paliado su congénita ineficiencia económica con la pensión petrolera: un flujo de recursos con el que Caracas ha compensado la asistencia sanitaria, las prestaciones “docentes” y los servicios de seguridad e Inteligencia política que han cementado la defensa interna del régimen chavista; al tiempo que le ha provisto del nutriente ideológico del neomarxismo y el neoindigenismo, combinados en esa extraña emulsión que atiende por el nombre de “Socialismo del siglo XXI”.

Este es el producto con el que el enfermo ha cementado la supuesta revolución bolivariana, que ocupa el tercer segmento, círculo o estadio al que afecta la metástasis de este personaje anfitrión de etarras: causante, de forma directa o por vía indirecta a través de sus epígonos regionales, del daño más significativo soportado por la imagen histórica y política de España en el curso de la última década, en coincidencia con los dos periodos presidenciales de Rodríguez Zapatero y las vísperas del Bicentenario de la Emancipación.

El espectáculo triste de las dos últimas Cumbres iberoamericanas, torpedeadas por Caracas y La Habana; la crisis a que ha sido llevada la OEA desde la bochornosa tergiversación del fracaso chavista en la caída hondureña del zelayismo, y el bloqueo de la presidencia de Lobo, resultante de unas elecciones libres y supervisadas por observadores internacionales, están en el balance de la ya declinada peripecia vital de este personaje. Ha querido ser émulo de Simón Bolívar, aunque en vez de “arar el mar”, como su paradigma dijo en el lecho de muerte, no ha pasado de ser la versión iberoamericana de las aberrantes locuras de los dictadores árabes con los petrodólares.