La tiranía diárquica cubana

Ante la muerte del disidente cubano Wilman Villar, ocurrida por causa de la neumonía que le sobrevino al cabo de 50 días de huelga de hambre, en protesta por la condena de prisión que le había sido impuesta desde la instituida represión judicial, con la que el sistema castrista completa y cierra el dogal sobre las libertades políticas; visto y sabido el hecho de que toda dictadura nunca puede avenirse a la excepción de abrir la mano, porque donde lo hace no lo puede después cerrar. Por idéntica regla de tres, cualquier sistema de libertades es incompatible con la pérdida o violación de cualquiera de ellas, a causa de que el universo de la libertad se sostiene en su propio equilibrio sistémico.

El mundo de los hermanos Castro, reiterando y reproduciendo – hasta donde puede reproducirse una tragedia humana de semejante porte – el caso de Orlando Zapata, el preso político fallecido en febrero de 2010 tras una larga huelga de hambre en protesta por tan sostenida iniquidad de un régimen de opresión que, todavía dentro del ahora iberoamericano, sólo tiene paralelo, por el pasado, con los clones del estalinismo, y en el presente, dentro de la dinástica tiranía norcoreana. Cumplida continuidad de éstas aberraciones totalitarias en el mundo asiático.

Pero a ojos españoles, no sólo es importante advertir que la represión castrista, además de reiterar la descalificación político-moral del disidente fallecido, como en el caso de Orlando Zapata – tildándolo de preso común condenado por supuestas agresiones a su mujer – ha practicado también el bloqueo policial a la concurrencia de los afines en el entierro, cosa que éstos han denunciado,  Es más importante aun para nuestra perspectiva española el requerimiento del Gobierno al régimen de La Habana para que de una vez se vaya a la excarcelación de los presos políticos en Cuba. Cosa que sería tanto como el primer paso, como el gesto fundante del proceso de transición cubana hacia un cambio suficiente para la normalización política, social y económica.

Sería tal un desenlace que de todos modos se habrá de imponer por imperativos biológicos, tanto desde la gravitación de los muchos años de la diarquía enrocada en el vértice del Estado, como desde el peso de las generaciones nuevas que pasaron hace mucho la madurez y cuya sintonía vital discurre muy mayoritariamente por distinta longitud de onda que la propia de los adheridos y cómplices del sistema.

Sólo desde una perspectiva muy optimista cabría suscribir la hipótesis de que la próxima visita del Papa Benedicto XVI podrí añadir algún resquicio a la posibilidad de  que se venga con ello a ensanchare lo conseguido, en términos diría que tonales, con la visita del anterior Pontífice, Juan Pablo II. El régimen castrista, al que inteligencia política no le falta – pues algo tiene que explicar su muy dilatada duración -, siempre buscará explotar en propio provecho el peso y el crédito, la influencia, de la Iglesia en el pueblo cubano; además de que Cuba para la Iglesia, por razones muy obvias, es para Roma muy dilecta tierra de misión.

Mientras tanto, no deja de tener su cinismo el hecho de que el régimen cubano tildara el pasado sábado de “cínicas” e “inaceptables”, respectivamente, las condenas manifestadas por los Gobiernos de Estados Unidos y España sobre la nueva muerte de un preso político, por huelga de hambre, en las cárceles del castrismo, al considerar ese régimen  tales condenas injerencias en los asuntos internos de Cuba. Sólo desde el poder totalitario se reclama la exclusividad de competencias sobre el destino del hombre.