Otras crisis (la energética) en el horizonte

Tan en serio va la cosa que Wen Jibao, el Primer ministro del Gobierno chino, acaba de cubrir un recorrido por los Estados petroleros del Golfo para conseguir la estabilidad, al menos en el medio plazo, para los precios del barril ante el riesgo de que el embargo occidental del crudo iraní no desemboque en un cuadro de desabastecimiento traducido en una segunda escalada de los precios. La probabilidad de que una situación energética de estas características se sumara a la crisis económica y financiera del mundo industrializado ha desencadenado poco menos que una ola de terror económico , pues supondría poco menos que un puntillazo en el cuadro mundial ya que acabaría por afectar enteramente a todos, incluso a los emergentes.

Al cabo, todos estaríamos tocados del mismo mal, aunque las gradaciones y los tiempos del impacto fueron diferentes entre los emergentes y los industrializados de siempre. Ya que los ahora boyantes, como la propia China, mediadora ahora en el Golfo, lo dejarían de estar por el hundimiento de sus interlocutores. Ahora como en tantas ocasiones el seguro contra la catástrofe en los precios del petróleo, tiene su residencia en el Reino de Arabia Saudí, cuya capacidad de exportación es de nivel suficiente para conjurar lo peor.

Cierto es que los riesgos que ahora se encaran por el problema de Irán – derivado de su insistencia en seguir adelante con su programa de enriquecimiento de uranio, muy por encima ya de las tasas que se precisan en una programa nuclear cuyo único propósito fuera el uso pacífico de la energía de fisión -, son riesgos que se acompañan de otros de alcance bélico, puesto que sobre el tapete de este problema internacional no se descarta la probabilidad de que se deje caer cualquier naipe, incluido el bélico. O sea, el de una guerra destinada a abortar el programa iraní; hipótesis a la que corresponde de forma nítida la eliminación física en el propio Teherán de las lumbreras de la Universidad persa adscritas a las labores más delicadas de ese programa.

Indiscutible resulta que tales asesinatos son actos de guerra. Tanto como decir y reconocer que el terrorismo es la continuación – o la anticipación – de la guerra por otros medios, al igual que desde Karl von Clausewitz se ha venido a entender que es la guerra misma respecto de la política y de la diplomacia, en tanto que estadios precedentes de un mismo discurso sobre el conflicto entre Estados.

La otra perspectiva desde la que enfocar el problema energético es la de considerarlo en el propio seno de las políticas económicas nacionales, tanto en sí mismo, aisladamente, como en el contexto de sus políticas energéticas. Si el formato de éstas condiciona las capacidades a la hora de las definiciones diplomáticas – como la de suscribir o no en el caso actual el compromiso de embargar, el próximo día 30, por los Estados de la Unión Europea el tráfico petrolero de Irán -, tal formato decide también, desde otro punto de vista, la eficiencia de los propios dispositivos y equipamientos para responder con mayor o menos éxito a las consecuencias de una crisis mundial sostenida en los precios el barril de petróleo. Francia, que por equipamiento nuclear sólo tiene con Irán una dependencia de suministro de crudo del cuatro por ciento, pudo encabezar la iniciativa de los Estados de la UE en esta cuestión.