La derecha húngara por peteneras

Aunque Viktor Orbán, Primer ministro del Gobierno de Budapest, haya prometido modificar con prontitud las leyes húngaras objetadas por la Unión Europea, por cuanto contradicen fondo y forma de las instituciones democráticas de ésta, no ha dejado de hacerlo en un contexto de reticencia, al afirmar que está “dispuesto a plegarse a la fuerza pero no a los argumentos de la UE”. Añadiendo a ello, en Estrasburgo, ante el Parlamento Europeo, que “Hungría es y seguirá siendo democrática”; pero, claro está, Hungría no puede ser democrática de cualquier manera, dentro del universo de la Unión, pues Europa en particular y el mundo en general han conocido sistemas políticos de la más diversa naturaleza que se llamaron y siguen llamándose, en su variopinta condición, “democracias”. Aunque sin repararse en el hecho de que unas, las occidentales lo son para la libertad, y otras lo son para la igualdad o cualquier otra cosa.

Pese al hecho de que por Hungría se abrió una de las primeras grietas en el desmoronamiento del tinglado soviético en Europa, lo mismo que en su momento, mediados los años 50 del pasado siglo, se levantó heroicamente contra la ocupación rusa, esa gran nación parece traer del pasado comunista al que fue sometida, una cierta y sensible huella o tendencia autoritaria, cierta proclividad al populismo (que no es de izquierdas ni de derechas).

No se explica de otra manera que la mayoría absoluta conseguida por la derecha de Víctor Orbán en las últimas elecciones – tan absoluta como para permitirle, según la Constitución del país, modificar sin práctico debate las leyes de cualquier rango, incluidos preceptos de la Ley Fundamental -, llevara al actual Gobierno de Budapest a meter mano tanto en la independencia del poder Judicial, pretendiendo purgarlo con la jubilación anticipada en ocho años de 250 magistrados; a rebañar la autonomía funcional del Banco Central del país, lo mismo que a violentar el fuero legal que custodia y protege los datos de los ciudadanos.

Tal despliegue de propósitos paratotalitarios no podía menos que encender las luces rojas en el Colegio de Comisarios de la Unión Europea, que amenazó con denunciar a Hungría ante el Tribunal de Justicia de la UE si no se modificaban ciertas de las nuevas leyes que van contra el espíritu y la propia letra de las instituciones europeas. Y el trompetazo de Bruselas se acompañó de la aplicación de un plazo especialmente corto, de sólo un mes, para que las exigidas rectificaciones se hicieran.

Cuando Orbán ha dicho que “está dispuesto a plegarse a la fuerza pero no a los argumentos de la UE”, lo que en realidad estaba señalando era su firme disposición de no renunciar al balón de oxígeno (15.000 millones de euros) que Hungría está esperando de las instituciones europeas y del Fondo Monetario Internacional. Y lo que Orbán no ha querido reconocer es que Hungría, tal como se ha señalado desde el grupo socialista del Parlamento Europeo, con las reformas autoritarias hechas en la legislación húngara por la mayoría absoluta de Orbán los húngaros no habrían entrado en la Unión Europea. En democracia de libertades, las mayorías absolutas también pertenecen al orden de las cosas relativas.