La liga bancaria occidental y la crisis con la iraní

Quizá no sea ociosa la pregunta de cómo procesa Irán la respuesta concertada de los Bancos centrales de Occidente frente a la crisis económica, en la que se entrecruzan a propósito de la Eurozona el proyecto monetario y los signos mayores de las políticas (Francia podría recular ante la idea de la federalización fiscal de las naciones del Euro, por todo lo que ello supone de aportación plenaria de la soberanía de cada uno de ellas), con la crisis abierta por Irán por los asaltos a la Embajada del Reino Unido y la consiguiente retorsión británica de retirar su representación allí, al tiempo que expulsa a los componentes diplomáticos todos de la Embajada iraní en Londres. Un movimiento de retorsión éste que, a su vez, ha inducido el debate entre los 27 Estados que integran la Unión Europea sobre los eventuales efectos sistémicos que el asunto británico-persa deba tener para todos – descontado, naturalmente, el papel norteamericano en esta cuestión, acerbamente calificada por Washington, y el pito que Israel pretenderá, desde la lógica de su seguridad, tocar en este concierto -.

Sólo una mala lectura de cuánto supone para el entero Occidente la crisis económico-monetaria, o quizá la nula atención prestada por Teherán al cuadro de hipertensión histórica en el que discurre la comunidad atlántica por causa de la crisis misma – sumada a la inquietud que despierta la probable incorporación de aquella teocracia al club de las potencias nucleares- , daría explicación o sentido al modo cómo la República Islámica de Irán ha impulsado o consentido el asalto de los estudiantes, trufados de milicianos del régimen, a las bilocadas dependencias de la representación diplomática del Reino Unido en el mundo de los ayatolás.

Tanto peso puede tener como catalizador, en un sentido negativo, el nuevo conflicto abierto por el asalto a la embajada británica, cuyo desarrollo puede ser definido en muy breve plazo, con ocasión de las próximas Cumbres europeas, como inversamente, en un sentido positivo, el impacto de la concertada acción de los Bancos Centrales del mundo occidental sobre el encharcamiento en el que habían vuelto a chapotear las expectativas de los mercados durante los últimos días. En esto último puede haber tenido una virtualidad desencadenante, es decir también como catalizador, el encuentro habido en la capital norteamericana por los representantes de la Unión Europea con el presidente Obama. Un hombre profundamente inquieto ante la eventualidad de que el retorno de la crisis europea a su originaria orilla estadounidense, acabe por arruinar del todo las magras expectativas de su reelección en noviembre de 2012.

Nunca en todo el tiempo de esta crisis se había producido una acción conjunta de la flota que componen el Banco Central Europeo, la Reserva Federal de Estados Unidos, el Banco Central de Japón, el de Canadá y el de Suiza. Exceptuado este último y el del Sol Naciente, podría hablarse con bastante propiedad de la Escuadra Bancaria de la OTAN. Este salto de escala en el nivel de recursos aportados para hacer frente a la crisis del Euro supone de suyo como un cambio cualitativo en la situación, tanto que era congruentemente descontado ayer por los mercados. Esa Flota, esa Liga Bancaria parece haber cambiado no sólo la panorámica a corto plazo sino, también, aportado la expectativa de un ciclo nuevo. Estaríamos ante un test de determinación política con efectos laterales frente a la crisis con los persas. Permanezcamos atentos a la pantalla.