En primera línea de fuego

En esta hora de la verdad, cuando los responsables primeros de la crisis brutal en que se encuentra sumida España – por los dos años estúpidamente perdidos – han sido barridos en las urnas por los electores en dos tandas sucesivas de escobazos, en mayo y ahora mismo, es llegado el momento para que a la fuerza ciega de los mercados se la atempere en un proceso urgente de ajuste de expectativas.

Ese proceso ha de venir montado sobre dos vías de aportación: la de la velocidad española para acceder al plano institucional en que se puedan tomar las decisiones; un plano o nivel en el que no quepa sombra ni sospecha de vacío político – lo que obliga a la mayor celeridad posible en el traspaso de poderes, de una mayoría parlamentaria a otra -; y la disposición cooperante del BCE y de los dos socios mayores de la Eurozona.

El escándalo que supuso ayer el techo alcanzado por la prima de riesgo para la deuda soberana, por razones obvias de agravio comparativo, no debió haberse producido. Pues las intervenciones del BCE están obligadas, como a nadie escapa, a la observancia de criterios de ponderación. Criterios en los que figura, en primer lugar, la presunción de compromiso real, efectivo y serio, del Gobierno de cada nación miembro de la Eurozona para llevar a efecto los términos de su programa referentes a los ajustes en sus cuentas económicas, sus equilibrios financieros y, asimismo, en la voluntad y la capacidad política nacional para afrontar los sacrificios demandados por la dimensión de la crisis en todos sus componentes y factores.

Ayer no hicieron a España desde el BCE el quite con que le atendieron otras veces, a ella misma como a otras naciones del arco crítico del Mediterráneo. Y de las instituciones, crediticias o no, como del valor, se ha de decir lo mismo…, que son para las ocasiones. Nada se debe esperar de los mercados ni tampoco para ellos, en términos de regulaciones que vengan a empeorar las cosas con errores contra su libertad. Para eso están las instituciones instaladas fuera de la arena.

Pero de lo que no pueden carecer tales instituciones es de pulso operativo, pues la equidad y la voluntad de justicia se dan por descontadas. Y puede entenderse como falta de pulso operativo el no salir al quite en estas horas de nueva política con la deuda soberana española, menos por el hecho de que sea sustancialmente inferior a otras como la italiana, que por la circunstancia misma de que el nivel de paro español sea el más alto de la Unión Europea. Dato abrumador este del que se infiere la propia necesidad de evitar la gigantesca sangría de recursos que se deriva del disparo de la prima de riesgo, pues en el corto y en el medio plazo todos los recursos que se tengan serán pocos para llevar a cabo las inversiones con las que crear los puestos de trabajo que se necesitan.

Por supuesto que lo principal del esfuerzo para la recuperación de la economía española tiene que venir de nosotros mismos. Sin embargo, no es gollería ni contradice eso lo manifestado a los mercados por Mariano Rajoy, de que se nos diera siquiera “media hora”, ni tampoco esperar de Alemania algo distinto al trato y al talante aplicado a Grecia luego de tantos meses dando tumbos con sus cuentas nacionales y luego de la fiabilidad que pueda ofrecer tras del desplante de Papandreu con el referéndum de marras, a la vuelta del acuerdo cerrado para la entrega en régimen de urgencia de los 8.000 millones de euros. Una cosa es estar en primera línea de fuego y otra que nos pongan frente al paredón.