Turno de urgencias europeo

Del balcón de Génova 13 al teléfono con Berlín, Londres y París. Rueda de felicitaciones, aunque algo más. La media hora de conversación con Angela Merkel ha incluido el recuento de las prioridades dentro de las urgencias que conforman los acosos que soporta la economía española tras de los dos años perdidos y los recursos quemados en salvas. De no haber sido las cosas así, no estaría la prima de riesgo donde está ni el saludo en las Bolsas al cambio político eclosionado en las urnas, habría sido de la aspereza bajista que se preveía, puesto que ya estaba descontado de largo que ocurriría lo que pasó el 20-N.

Resulta obvio que la canciller de Alemania es y será, para Mariano Rajoy, interlocutor de preferencia dentro de la Unión Europea, ante el cúmulo de problemas económicos y sociales que nos han sobrevenido por la catastrófica incapacidad del Gobierno de Rodríguez Zapatero. Son tantos y tan profundos estos problemas, tan relevante asimismo no perder una sola hora, que el ajuste de la agenda es el primero y más delicado de los asuntos a precisar mientras se sustancia el traspaso de poderes entre el Gobierno saliente y el entrante.

De esa agenda, pues, depende que llegue cuanto antes la perspectiva nueva que ofrece el nuevo Gobierno de España para los mercados, pues el primer coste de entre los muchos que se han de reducir para que los números de nuestras cuentas nacionales levanten cabeza, es el resultante del nivel en que quepa rebajar la prima de riesgo, pues de ello dependerá el peso de la deuda en el corto y el medio plazo. No hay tiempo que perder ni fiadores políticos que descuidar.

Por eso es de tan preferente interés que Mariano Rajoy y Angela Merkel se reúnan en Marsella el próximo 8 de diciembre, en el marco del Congreso del Partido Popular Europeo celebrará allí, así como en la reunión de primeros ministros conservadores en que se enmarcará la ocasión. Un encuentro que habrá de preceder a la reunión Consejo Europeo convocado en Bruselas para el día siguiente.

Esa primera toma de contacto con los interlocutores tiene importancia incuestionable, puesto que supondrá un acusado cambio cualitativo en lo personal y lo político, en la imagen y en el fondo de la posición española. Algo expresivo de una discontinuidad radical, en cierto modo atemperada por el consenso de última hora que se logró entre populares y socialistas para la constitucionalización – establecida por vía parlamentaria – del límite para el déficit público.

A este respecto del principio de urgencia y perentoriedad que ha de informar la gestión del nuevo Gobierno, por las graves características de la situación económica que recibe, habría de confirmarse ese máximo grado de colaboración prometido por el equipo de gobierno saliente en el traspaso de poderes, puesto que los plazos que se establecieron en su día en la normativa a este respecto, no estaban concebidos, ciertamente, para unas circunstancias tan apremiantes, por rayanas en la catástrofe, como las que ahora cursan.