España, caladero preferente para Al Qaeda

Se confirmó lo que parecía evidente. Los autores del secuestro de dos españoles y una ciudadana italiana hace siete días en el campamento de Tinduf, no podían ser otros que una de las bandas terroristas que tiene Al Qaeda en el Magreb. La reiteración de secuestros de españoles por estos individuos parece tener una explicación harto elemental. España, por la propicia condición de su actual Gobierno, como interlocutor muy practicable en exigencias y presiones a la hora de negociar los términos económicos del rescate, es caladero de cualificada preferencia, tal como han podido comprobar en ocasiones precedentes, como la habida en Mauritania de otros tres compatriotas procedentes de Cataluña. Ello explicaría la casi simultaneidad de este secuestro de ahora, practicado en el campo argelino de refugiados saharauis, como el de dos españolas en otro campo de refugiados somalíes establecido en Kenia, cerca de la frontera del país de procedencia de éstos desventurados, en el Cuerno de África.

A la vista de la inseguridad objetiva que se deriva de la naturaleza de estos espacios africanos, tanto en el Sahara occidental como en la región del Índico abierta a la costa de Somalia y a la de Kenia, resulta necesario y del todo urgente la definición y aplicación de criterios nuevos no considerdos hasta ahora, al menos en tierra, aunque sí lo hayan sido para el ámbito marítimo en lo que toca a la actividad pesquera, aunque la piratería sea un género de delincuencia no específicamente conectada con el terrorismo islámico que opera en el derruido Estado somalí.

Si para el espacio índico los países europeos afectados concertaron los términos de una acción común, que ha terminado por dar frutos muy satisfactorios, para lo que se refiere al Magreb, habría de concertarse fórmula parecida de cooperación entre Estados; en este caso, junto la colaboración exigible  a Argelia, Marruecos, Malí y Níger, lo lógico sería una colaboración entre España, Francia e Italia, pues respectivos nacionales suyos han sido objeto de secuestros por las mismas bandas terroristas que operan en el Magreb, prevaliéndose éstas de las condiciones singularmente propicias para esta delincuencia del medio físico sahariano y saheliano.

Eso por un lado, entre los muchos aspectos que debieran analizarse para que la cooperación fuera eficaz tanto para el rescate como por la disuasión que generaría la eficacia militar desplegada. Una eficacia que se derivaría menos del despliegue de fuerza convencional, necesaria en todo caso y siempre en dosis asumibles, que de la acumulación informativa por parte de los servicios de Inteligencia concernidos en la tarea.

Por otro lado y en otro orden de cosas, se habría de considerar también de manera conjunta la radical reconsideración de las prácticas hasta ahora seguidas en lo que toca a las onegés europeas que llevan su actividad a esta región del tercio norte del continente africano. Los recursos obtenidos por Al Qaeda y especies asociadas se aplican a financiación del terrorismo islámico. Por eso unas prácticas restrictivas en este sentido, incluida la advertencia de que los respectivos Estados dejan en esto a sus nacionales la plena responsabilidad de los que pueda ocurrir, serían tan oportunas como urgentes. Lo que no cabe tolerar es que un país como el nuestro se acabe acreditando como caladero para pescar los rescates que sostienen y multiplican a los secuestradores.