Oscuro epílogo de la guerra líbica

Resulta ahora que en Libia el CNT (Consejo Nacional de Transición) ha tenido que desdecirse de sus primeras apreciaciones sobre las circunstancias en que halló la muerte Muamar Gadafi. La ejecución y las vejaciones a que fue sometido el dictador no se han podido ocultar, por la multitud de imágenes obtenidas de tales circunstancias por medio de teléfonos móviles. Con lo cual ha dejado de serlo lo que parecía expediente resuelto eso del conjunto de las responsabilidades, por complicidad, que habrían aflorado en el curso de un proceso político, una vez acabado el conflicto.

Ese problema ha dejado de serlo para muchos de los dirigentes de la rebelión que se pasaron a ésta, dejando tras de sí un reguero de historias compartidas con lo peor del régimen debelado mediante el concurso decisivo de la OTAN. Esto es, del estandarte militar de un mundo de valores que se significa por todo lo radicalmente opuesto a lo compendiado en las referidas imágenes de violencias a que fue sometido el tirano. Pero, sin embargo, lo que podía ser sólo un problema personal de complicidad para cuantos fueran, independientemente de su número, se ha convertido en una responsabilidad sistémica para la nueva autoridad política.

Naciones Unidas exigirá ahora responsabilidades por lo sucedido. Aunque la cuestión no es sólo esa sino también las cuentas que habrá de exigir la OTAN al CNT, pues sin esa intervención del arma aérea, Gadafi podría haber escapado de Sirte sin generar ello riesgos a la población rebelada contra él. Y advierto esto sin dejar de considerar las cuentas que se le habrán de pedir a la OTAN por haber incurrido en complicidad con tan alevosa eliminación de tan nada respetable personaje.

Encajar tal circunstancia en el espacio de intervención acotado por la Resolución 1973 del Consejo de Seguridad, será menester de dificultosa por no decir imposible ejecución. Pero la cosa se presta a la vez a mayores líos y problemas.

De una parte está el asunto de una eventual y suficiente ampliación de los plazos del mandato, por causa de las numerosas armas, especialmente misiles de uso individual, dejadas en los escenarios de las batallas y en otros espacios a lo ancho de la dilatada geografía del país. Se trata de materiales de muy específica utilidad para todas las clases de actividad formalmente terrorista, aunque también en toda la suerte de conflictos armados dentro del Continente africano.

Sabido es el gasto ingente en armamento que se ha realizado en los 42 años de poder gadafista, puesto que los ingresos sin cuento aportado por el petróleo y el gas líbicos permitían un gasto sin tasa en toda clase de armamento. Tanto el referido tipo de cohetes como armamento pesado y toda suerte de tecnología susceptible de aplicación militar.

Aunque en lo que se refiere a la demanda de que la OTAN prorrogue su estancia en Libia, para esa misión de limpieza y recogida de armamento, no se entiende muy bien de qué forma podrá realizarlo, puesto que su papel se ha estrictamente reducido al empleo del arma aérea y naval, excluyendo en todo momento la eventualidad de que un solo soldado de la Alianza pisara suelo líbico. Tampoco se entendería, en todo caso, cuál sería el modo de encajar en términos de legalidad internacional tal prórroga de intervención de la Alianza en Libia, aunque sólo fuera para apoyar esas tareas de limpieza.