Europa, en clave alemana

Visto lo dicho por la canciller de Berlín, aprobada la votación en el Bundestag sobre el reforzamiento del fondo de rescate, y antes de tomar el avión para acudir a la Cumbre de Bruselas, o sea, con sus deberes parlamentarios hechos…, que el retrato de la Unión Europea como concierto de poderes, es un tanto distinto de lo que era antes de que el pinchazo griego viniera a reconfigurarlo de manera distinta a como estaba.

Angela Merkel ha precisado ante el Parlamento Federal algo que resultaba casi obvio a estas alturas, eso de que si Europa fracasa lo hace Alemania. Algo equivalente, conforme la misma regla de tres, a la consideración de que si Grecia se hubiera hundido lo hubiese hecho también Europa; pero esto último no lo ha dicho la canciller, aunque en la responsabilidad del petardazo de Atenas tiene su punto de responsabilizada cualificada la apropia Alemania: llevada de bastantes puntos de apresuramiento en dar por buenas las cuentas que los griegos habían presentado para su adhesión al proyecto euromonetario.

También es de notar la conveniencia objetiva que el Euro ha tenido para los alemanes desde el primer momento, vista su formidable ecuación de equilibrio financiero, potencial tecnológico y rigor sistémico en sus relaciones laborales. Este cuadro de ventajas respecto al mercado interno de la UE, le permitió desde el primer momento volcar sobre el mismo toda la exportación que la dureza cambiaria del Euro no le permitía verter sobre terceros mercados por lo ancho del mundo.

Para los restantes miembros de la Eurozona las cosas eran distintas, aunque no necesariamente peores; distintas por todo cuanto concierne a la debilidad relativa de sus respectivas balanzas comerciales y de sus equilibrios presupuestarios. Cuando operaba la normalidad y la crisis no había aun despuntado, las cosas iban en su inercia y reinaba la calma. Tanto que hasta las cuentas de Grecia eran como un espejo de la mar serena. Pero aflorado el problema se invirtió la pirámide. Objetivamente, el primer damnificado de todos era Alemania, pues sería la que más perdiera si Grecia no era rescatada; ello significaría que el euro se iría a pique, y con el euro las conveniencias de Berlín.

Cabe advertir la resonancia que ello tiene en lo que ha dicho la canciller, eso de que si Europa fracasa (con el Euro) fracasa también Alemania. Corresponde por eso a la República Federal preferencia de voz y voto cualificado en todo lo atinente al cuadro político-económico actual dentro de la UE, reunida este miércoles en Bruselas en régimen de doble turno.

Gira ahora la UE no en régimen axial (franco-alemán), sino, primordialmente, en términos monopolares, sobre el discurso de Berlín. Por eso no se ha podido advertir en estos últimos tiempos la fluida interlocución, entre la canciller Merkel y el presidente Sarkozy, de otras tantas veces, cuando se daba por tópicamente sobreentendida la realidad del eje franco-alemán.

Por todo este tráfico dialéctico actual entre Berlín y París, parece lo más razonable y realista el punto de vista de quienes entienden, ante los resultados de la doble Cumbre de Bruselas, que es lo más prudente esperar antes las convergencias políticas que las cifras monetarias a la hora de dotar y afinar los instrumentos necesarios para blindar el Euro frente a nuevos embates de los mercados. Al fin y al cabo, se trata de la vera efigie de una UE con más rasgos de federación (por lo monetario) que de pacto abierto a la inglesa, desde la insularidad, y del gusto de sus acompañantes. Atentos posiblemente a la repesca. Esta Europa de ahora puede decirse que pulsa primordialmente en clave alemana.