España es una mina

Con muy pocos días de diferencia, dentro del mismo marco africano, el terrorismo islámico ha vuelto a secuestrar españoles. Ha sido ahora en Tinduf, dentro de un campamento de refugiados saharauis, donde tres de los muchos cooperantes que tenemos enrolados en onegés, acaban de ser apresados por individuos sin identificar y llevados presumiblemente a Malí, igual que ocurrió cuando otros tantos, en noviembre de 2009, fueron secuestrados en Mauritania y llevados también a Malí, y de la misma manera que el pasado jueves dos españolas fueron apresadas en Kenia, dentro del campamento de refugiados somalíes de Dabaad, cerca de la frontera con Somalia, a donde fueron llevadas por terroristas de la facción de Al Shabaa, pertenecientes, como otras facciones similares, al islamismo de combate que opera a lo ancho del tercio norte del continente africano.

En cuanto a los españoles que fueron secuestrados en Mauritania, es ilustrativo recordar que aquel episodio, desarrollado desde noviembre de 2009 hasta agosto del año siguiente, tiene su base causal en el trasiego de cooperantes por parte de onegés radicadas en Cataluña, bajos los auspicios de la Generalidad. Y que en estas y otras parecidas tesituras, desde 1996 han sido 55 los ciudadanos españoles  secuestrados en el vecino Continente, unos por delincuentes comunes, en lo que se podría llamar una primera fase, y otros, en el ciclo actual, han sido apresados por la delincuencia terrorista. En esta fase se supone que ha sido una cantidad muy elevada los rescates que han sido pagados por el Gobierno español, es decir, por el sufrido contribuyente.

Puede decirse, en este sentido, que España es una mina, tal como se titula esta nota. Lo que da sentido, y en cierto modo explica, que las comparecencias ministeriales en cada ocasión en que se produce uno de estos secuestros, puedan rumirse en la reiterada petición de prudencia …

El problema tiene a su vez, junto a esta variante de secano, la vertiente marítima de la piratería en el Índico, donde pueden estar también los somalíes islamistas de turno, sabedores como los secuestradores de secano, de la capacidad de pago de nuestros últimos Gobiernos. De tal suerte, los españoles que se aplican a la beneficencia humanitaria por los espacios africanos, se han venido a constituir poco menos que en la más buscada presa económica para ese terrorismo internacional.

A lo dicho en régimen de lectura para españoles, hay que añadir la ventana de probabilidad que se ha abierto – con el secuestro de los dos cooperantes españolas en el campo de Dabaad el pasado jueves, y la subsiguiente entrada de tropas de Kenia en Somalia tras del rastro de las milicias de Al Shabaa – de que las cosas vayan a mayores contra los islamistas de aquel país sin Estado.  Puesto que, además, esa fuerza menudea sus incursiones en tal campo de refugiados (somalíes), para la recluta de jóvenes llegados allí, huyendo de la guerra permanente en su país. Los islamistas ofrecen un dinero de “fichaje”, además de ropa, calzado y comida para cada día.

A la inevitable pregunta de cómo se sostiene el pago de la incorporación y los gastos de manutención, se podrá responder que con los fondos obtenidos de los rescates por la entrega de los rehenes. Tanto da que los secuestros se hayan realizado en tierra firme o en alta mar, mediante el apresamiento de buques mercantes y de pesca, especialmente en este caso de barcos españoles. España, insisto, es una mina. Todas las Al Qaedas obedecen al mismo plan y comparten la misma bolsa.