El cáncer somalí

El secuestro en el norte de Kenia, cerca del espacio somalí dominado por las huestes de Al Shabab, de dos cooperantes españolas, ha reiterado la evidencia de que el fracaso del Estado en esa parte del Cuerno de África, desarrolla una patología política cuyos efectos últimos son muy difíciles de avizorar. La caída en 1991 de la dictadura de Siad Barré trajo consigo el fracaso por implosión del Estado, y tras de ello una dinámica de inestabilidad regional en la que con el paso de los años encontró asiento la guerrilla del integrismo islámico, que comenzó a compartir el caos y el desorden con los señores de la guerra y la delincuencia organizada. Los esfuerzos internacionales en apoyar un principio de orden y poder desde el que reconstruir una gobernabilidad del país, apenas han servido para nada; todo lo más para levantar un ligero andamiaje de autoridad asentado en Mogadiscio, la capital, que apenas logra mantenerse en pie.

La entrada del Ejército etiope en el país entre noviembre y diciembre de 2006, por ejemplo, sólo sirvió para abrir un paréntesis de orden de muy efímera duración, desalojando a los islamistas que tenían ocupada la capital, y a los que las fuerzas militares de Kenia les cerraron su salida hacia el sur. Aunque ahí siguen, como embolsadas, desde entonces; en un espacio en el que ahora previsiblemente se encuentran las dos cooperantes españolas de Médicos sin Fronteras, junto con otras dos europeas y varios rehenes de diversos orígenes y procedencias.

Los efectos de la catastrófica sequía que padece esa parte del África nord-oriental, traducidos en hambrunas sin cuento, han venido a hacer aun más patente el vacío global de poder que padece Somalia, puesto que las ayudas internacionales en socorros de alimentos, es interferida y bloqueada por las fuerzas islamistas de Al Shabad, supuestamente para repartirlas de su propia mano, aunque en la práctica no sea así, además de perderse los alimentos por la acción del bandidaje.

De esa penetración en Somalia del Ejército de Kenia en persecución de lo secuestradores de las cooperantes, que es lo que dimensiona internacionalmente tal suceso, cabe inferir que estemos sólo, más allá del motivo formal de la operación, ante un nuevo turno de asistencia de la Unidad Africana como pudo serlo el turno etiope de 2006, para reforzar a los gobernantes reducidos a Mogadiscio; o, más allá de todo eso, al principio de una operación de más amplio horizonte consistente en la erradicación de esos secuaces de Al Qaeda en el Cuerno de África, conforme una operación de objetivos sustancialmente idénticos a los que pueden estarse persiguiendo en el Yemen, donde bajo el escenario de lucha entre partidarios y opuestos al presidente Saleh se está desarrollando al propio tiempo, por la CIA, una lucha eficaz y fructífera contra los cuadros dirigentes de Al Qaeda refluidos desde Iraq, Afganistán y Pakistán.

Pero con todo es Somalia, cuyo descontrol interno es la causa de la piratería que infesta el norte del Índico africano, el tumor primordial que irradia el yihadismo en el África del Este, no haciéndolo sólo desde ahora… La embajada norteamericana en Kenia fue volada por Al Qaeda, junto a la de Tanzania, en 1998, antes de los ataques en septiembre de 2001 a Nueva York y Washington. Estados Unidos tiene asuntos pendientes con localización africana. Por ello no son de descartar operaciones en África oriental y Centroáfrica, luego de la autorización parlamentaria recientemente recibida por el presidente Obama para actuar contra la guerrilla que opera en Uganda. A ello podría estar ligada la visita a Trípoli de la secretaria de Estado. Una cirugía en Somalia, que es el tumor primordial, puede estar acompañada de otras en distintos espacios africanos, apoyadas en mucha información y mínimos despliegues de fuerzas.