Sofisma de sangre

La farsa internacionalizante tramada por los etarras y el Gobierno de la derrota, como último y desesperado recurso para evitarla, se ha montado con el acarreo de materiales importados de otras lides intrínsecamente distintas, puesto que fueron materia de conflictos genuinos, legitimados por lo justo del motivo que los promovía. Esa independencia nacional de los irlandeses, estribada en factores fundamentales de raza, cultura y credo religioso; y por la lucha, de otro punto, contra la institucionalización del racismo surafricano. Algo resultante en este otro caso del choque de dos de ellos: el de los colonizadores blancos de un espacio en un principio vacío, salvo en su segmento zulú, y el mundo bantú emigrado desde la geografía centroafricana. Un prevalecido racismo blanco, constituido en medida áurea de toda suerte de discriminaciones.

Antes de insistir en lo obvio, es decir, que ninguna de tales referencias nacionalistas a las que se ha pretendido emparentar con el envolvente nacional-terrorista de Eta, tienen nada que ver con el asunto de la banda armada: vomitado como magma volcánico en la erupción de la Guerra Fría. Antes de ello hay que reparar en la sombra de venalidad que arrastra el que fue secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, co-generador de la disparatada propuesta de la Alianza de Civilizaciones.  Dislate con el que Rodríguez Zapatero pretendió pasar a la posteridad poco menos que como arquitecto diseñador de la paz universal. Por eso y, en términos más modestos, por haber acabado con el problema etarra; aunque fuera sin reparar en precio, tanto en el componente de sangre derramada como en el daño institucional inferido a la convivencia española, por haber reinstalado al terrorismo en las instituciones, conforme algo presumiblemente pactado.

El recuerdo simétrico de que un suceso de terrorismo, el 11 de marzo de 2004, llevó al PSOE a remontar unas elecciones que todos, comenzando por el propio PSOE, daban por perdidas, puede que haya llevado – antes que a nadie al candidato a la Moncloa – a este montaje de ingeniería electoral de la conferencia “internacional” donostiarra. Un proyecto que hubiera sido impracticable sin la manipulación judicial aplicada a que los proetarras pudieran volver a las instituciones y, de tal manera, las gentes de Bildu oficiaran de anfitriones para los comparsas internacionales. Maniobra que es tanto como la puesta en escena de la tantos años buscada internacionalización del inexistente “conflicto” vasco; por más que se haya querido hacer pasar el medio siglo asesinatos etarras como una historia de emancipación nacional tal que la irlandesa, ciertamente empedrada de episodios terroristas, o de la abolición del “apartheid” surafricano, donde también hubo sucesos de violencia armada.

Es en el concepto “conflicto” donde se sitúa ahora mismo el núcleo de la trampa del terrorismo etarra: ese repugnante cóctel vasco donde se mezclan a partes básicamente iguales, el racismo nazi del tarado mental Sabino Arana, la dosis leninista del totalitarismo comunista y las efusiones de sacristía salidas de la beatería bárbara en el residual integrismo católico residenciado en esa arcadia.

Lo del “conflicto” es la premisa falsa en que pretende apoyarse la supuesta “legitimidad nacional” de todas las versiones del sabinismo. Desde tal falsedad, el silogismo con que los etarras y especies asociadas pretenden vender al mundo a través de este simulacro de conferencia internacional, resulta un repugnante sofismo cuya rentabilidad se quieren compartir todos los nacionalistas y bastantes de los socialistas, a los que el por ellos elegido 20-N se dispone a devolver a la irrelevancia de donde rebrotaron por virtud del 11-M de 2004.

Todo silogismo con premisa falsa es un sofisma. Y éste de la conferencia de San Sebastián, un sofisma de sangre.