La condición suficiente es política

Visto en lo que ha quedado el grado de consenso logrado por el G20 y en los subsiguientes movimientos, declaraciones y pronunciamientos desde el Fondo Monetario Internacional, la Comisión Europea y el propio Gobierno norteamericano, por boca de su Secretario del Tesoro, subsiste la aprensión más que el temor de que la economía mundial involucione a niveles parejos a los de hace tres años.

Lo único claro es que desde 2008 la hipótesis de responsabilidades, la imputación de la causa primera de la crisis, pretende cambiar de destinatario. Sí, desde el consenso internacional en que se estaba sobre el peso causal de la crisis bancaria norteamericana en el desbarajuste económico internacional, se ha pasado poco menos que a la atribución, por el secretario norteamericano del Tesoro, Timothy Geithner, de que sería la tibieza resolutiva de la eurozona y la lentitud de respuesta para resolver, desde la propia UE, cuanto se revela en la borrasca griega y en los efectos asociados sobre el conjunto de los periféricos.

Mientras las condiciones necesarias para que escampe el horizonte de la crisis y la confianza regrese a los agentes económicos, son condiciones de naturaleza económica, pues corresponden a la cuantificable realidad de las cosas – desde la cruda elocuncia de las cuentas griegas a la entrampada situación de los bancos alemanes y franceses por causa de ellas -, podría decirse que la condición suficiente para que ese horizonte cambie, evolucione hacia la confianza, depende de la política; expresándose esta condición en términos de voluntad definida, clara y estable. Sin el concurso de ambas condiciones, la económica y la política, los mercados seguirán sin salir del baile que está consumiendo la pista sobre la que se camina. Lo hace sumiéndolo todo en una imparable hemorragia de desconfianza. O sea, en la pérdida del oxígeno que necesita la economía real.

Aunque, por la misma regla de tres, como en España se ha venido a demostrar en estos años, también en la política se encuentra situada la condición suficiente para que se embrolle especialmente el horizonte económico nacional desde la general crisis compartida y, desde la tormenta variablemente perfecta, se engendre la catástrofe propia en medida historicamente singular.

La política contiene y traslada siempre el código de lo suficiente tanto para el acierto que rescata como para el error que lo agrava todo, en lo que concierne a la economía y en lo que respecta para lo demás. Ahora bien, en circunstancias como las presentes de temores y aprensiones sobre la marcha del conjunto económico global, lo que parece advertirse también es una caída es una caída general de la confianza en el concierto de los interlocutores. Así se ha advertido en la Cumbre del G20, como si la visión de los propios problemas por cada una de las partes impidiera la percepción del problema que compone el del conjunto de todas ellas. Tal como eso de que los árboles, desde su inmediatez, impidieran ver el bosque.

Resulta ahora que las economías emergentes, miembros y cotizantes por ello mismo en el Fondo Monetario Internacional, manifiestan sus recelos y esgrimen sus reticencias ante la eventualidad de que éste aportara el volumen de recursos suficientes para contribuir a financiar los rescates necesarios en la Eurozona y en EEUU. Algo cualitativamente igual o parecido a lo que el conjunto económico occidental hizo en su momento para  hacer posible la reflotación de los emergentes en el momento de sus respectivas crisis. Como sucedió con Brasil y con otros.

La política condición suficiente para despejar a corto plazo el socorro pendiente de 8.000 millones de euros para Grecia, estriba en la aprobación por los Parlamentos nacionales correspondientes de los miembros del Eurogrupo, del libramiento de tales fondos. Los cimientos soberanos del euro son todavía incompletos y flotantes. La moneda única europea tiene aun flancos institucionales por cubrir y que se traducen en falta –a veces dramática- de velocidad en las respuestas. Por ahí también, la condición suficiente en la política monetaria es y se encuentra en la política. El euro es una apuesta histórica institucionalmente apalancada.