A Obama le estalla su burbuja

Se le escaparon las cabras y le estalló su burbuja. Al presidente Obama, donde más se prometía y menos se lo esperaba creó expectativas dentro del inestable y tornadizo mundo árabe, sobre el horizonte de libertades a caballo de la ola que arrancó en Túnez, y en ese ya antiguo campo de minas en que se ha convertido la negociación de la paz entre palestinos e israelíes, resuelta en guerra con bajas a las dos bandas. Destaca en el lado judío la muy ilustre del general Rabín – acuñador del principio “paz por territorios” – asesinado por uno de los muchos descerebrados que bullen en el mundo del ultranacionalismo.

El cantado veto norteamericano en el Consejo de Seguridad – institución de de destino de la carta que Mahmud Abbas entregó a Ban Ki-moon, secretario general de l ONU, para que éste la llevara a la instancia que decide ante la petición de que la Autoridad Nacional Palestina (ANP) de que se la constituya como Estado- ; el desenlace probable de esa negativa, tendrá impacto demoledor sobre la gran cosecha política que la diplomacia de Washington esperaba recoger del cambio institucional por el que se adentran los Estados norteafricanos con la amortización histórica de las autocracias nacionalistas, para dar paso a otras cosas entre las que se espera la democracia pero en las que caben autocracias distintas. Teocracias en concreto y en régimen de alta probabilidad.

Tendrá en cambio el stop norteamericano al Estado palestino buscado por esta vía, y no por la de la negociación, abandonada por Abbas tras de un año de estancamiento en la que se seguía – al reanudarse las construcciones en el espacio de Jerusalén Este – la expectativa y práctica seguridad de Barack Obama de que las elecciones presidenciales de dentro de 14 meses, no registrarán la oposición electoral del influyente voto judío. Lo cual no quiere decir que no tener ese voto en contra suponga tanto como un seguro contra la derrota en las urnas.

En cualquier caso, la estrategia diplomática norteamericana – compartida con la Unión Europea – parece apuntar a lo que puede considerarse una tercera vía, válida para escapar de los términos de ultimátum que alientan en la opción elegida por el presidente de la ANP cuando ha presentado el reconocimiento de ésta como Estado, que incluya Jerusalén Este, Gaza y Cisjordania, y venga definido conforme las fronteras de 1967, año en que se libró la llamada Guerra de los Seis Días, origen de todos estos problemas actuales, de un lado con los palestinos y de otro con Siria, respecto de la cual permanece Israel en estado técnico de guerra, puesto que no se le ha restituido el Alto del Golán como a Egipto se le devolvió el Sinaí.

Esa estrategia de última hora parece consistir en el congelamiento durante meses del proceso de votación de la demanda de reconocimiento en el Consejo de Seguridad, para entre tanto ganar tiempo y alcanzar las condiciones mínimas que permitieran reanudar las negociaciones directas entre palestinos e israelíes. Acaso una crisis de Gobierno en Israel capaz de desembocar en el cambio de coalición parlamentaria que permitiera el regreso al poder del partido Kadima, podría ser una salida. No se olvide que Kadima, bajo la dirección de la señora Livni, era la que llevaba la negociación hasta que Irán movió ficha y Hamás inició la guerra de Gaza, con lo que todo se fue al garete.

Obama parece maniobrar ahora para que la burbuja suya, las ilusiones en su reelección – su objetivo preferente -, no le estalle del todo. Sus progresos diplomáticos con los árabes habrán de esperar.