Trípoli, confuso epílogo

Entre lo precisado por Mustafá Abdel Jalil, presidente del Consejo Nacional de Transición (CNT), sobre la extraña peripecia informativa en torno a los hijos de Gadafi retenidos por los sublevados, con la súbita aparición del más relevantes de ellos Saif al Islam, en el hotel tripolitano donde se encuentran concentrados los periodistas, diciendo que había burlado la prisión domiciliaria en la que se le había confinado; lo calificado como “bolsas de resistencia” por el ministro francés de Asuntos Exteriores, al referirse al desarrollo de los combates en este estadio epilogal de la guerra de Libia, y lo afirmado por Saif Saif al Islám en el sentido de que la presencia de los rebeldes en la capital sólo era la expresión y resultado de una “victoria trampa” inducida por los estrategas del régimen gadafiano- que espera a plazo inmediato el golpe de puntilla -… entre el puzle compuesto por todo ello, parece imponerse la conclusión de que la guerra está propiamente entrando en la última estación de su recorrido. De que este extraño y singular conflicto se encuentra a punto de rendir viaje.

Y lo que venga luego de ese próximo después, de la caída de la dictadura gadafiana, es lo que comienza a centrar la preocupación de los analistas; especialmente en lo que respecta al papel que deba desempeñar la OTAN en tanto no sobrevengan las condiciones de seguridad de la población civil, materia que fue al cabo la razón de que la Alianza Atlántica tomara cartas en la disputa entre el régimen de Gadafi y sus oponentes, súbitamente aflorados, salidos a la superficie, cuando sobrevino la demolición de la vecina dictadura tunecina de Ben Alí.

Y en la evocación de lo sucedido con los precedentes tunecino y egipcio, se viene a solapar el ya cantado desenlace de la crisis líbica con el enconamiento de la crisis siria, para engranar con ese principio de institucionalización de las presiones internacionales sobre el régimen de Damasco por los términos de la feroz represión del régimen de los Assad. Si bien no ha podido instrumentarse la presión internacional a través del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas por la interposición de los vetos de Rusia y de China, ha valido el recurso al Consejo de derechos Humanos mediante un fallo condenatorio en el que el voto contrario de las diplomacias de Moscú y de Pekín, se han visto acompañadas de las de Cuba y Ecuador, que como resulta sabido de todos son fuentes internacionales distinguidas por la defensa de las libertades y de los derechos humanos.

De especial interés, en la cuestión de las garantías para los derechos humanos, han sido las precisiones sobre el inmediato mañana líbico, por parte de la OTAN, al precisarse que la Alianza Atlántica terminará su misión en los mismos términos que aquellos en los que comenzó su intervención en ese conflicto. De lo cual cabe inferir que podría entenderse como responsabilidad suya la de evitar que las represalias por parte de los vencedores pueda suponer el derramamiento de tanta sangre como el perpetrado por la dictadura de Gadafi.

Técnicamente, sin embargo, se trataría de una misión bien distinta de la que definió la Resolución 1973 del Consejo de Seguridad, por lo que esa tutela, por ser necesariamente pie a tierra necesitaría otra instrumentación internacional. No de la OTAN, sino posiblemente de la ONU. Lo del Trípoli ocupado por los rebeldes es materia de un incierto y confuso epílogo, aunque ahora esté abanderado por la enseña verdi-roja colocada por los rebeldes en el palacio de Gadafi.