Ramadán de sangre en Siria

Bajo la espesa oscuridad informativa, bloqueado Internet, sin acceso de los medios internacionales y enmudecidos los propios del país, Siria entra en los umbrales del Ramadán pisando sangre por doquier. De las cifras de las muertes no puede decirse propiamente que éstas goteen pues se producen a chorros, sin otra fiabilidad que la aportada por fuentes espontáneas: gentes que eluden la identificación para no ser arrestadas por las autoridades. A ese proceso de testificación sobre lo que ocurre no cabe llamar de otra manera que la de informaciones a ciegas

Los nombres de Hama, Dein Azur, Dera estallan bajo el techo de silencio con que el régimen sirio de Bashar el Assad emula los procedimientos del anterior, el de su padre Hafez el Assad. Éste, en la propia Ama – donde las tropas han dado muerte ayer a más de un centenar de civiles -el año de 1982, saldó la campaña de represión contra la disidencia, calificada entonces de islamista, con un balance de 30.000 muertes. Este fin de semana las cosas no llegaban a tanto por allí, aunque daban a entender que estaban camino de ello. Con los carros de combate disparando aleatoriamente, a la redonda, en todas las direcciones, con las ametralladoras pesadas. Arrollando además, con embestidas cuanto encontraban a su paso.

La versión gubernamental es obviamente otra. La matanza viene causada por efectivos terroristas que disparan contra la población, los soldados y las fuerzas de seguridad, a los que han causado 400 bajas mortales. En la desinformación impuesta por el poder, todo vale; especialmente con la guerra de cifras. El silencio informativo es espeso y sangriento, como en el mismo Irán de los ayatolás divididos y enfrentados, en el que la censura absoluta favorece al régimen.

Nadie sabe que está pasando en la República Islámica de Irán. Sistema opresivo que lleva un año, desde las elecciones presidenciales  pasadas, en que un tupido silencio informativo impide conocer siquiera fragmentaria y aproximadamente a dónde llega el ejercicio tiránico del poder por parte de Ali Jamenei, Líder Supremo de la Revolución. Personaje que no respeta ni a la familia del propio Jomeini, el fundador del régimen y caudillo de la revuelta que en 1979 derribó la monarquía autoritaria y occidentalista del Sha.

Si los viernes son las mezquitas el espacio crítico semanal para que sobrevengan los estallidos de las protestas, este agosto de Ramadán van a ser las mezquitas catalizadores permanentes de ese fenómeno característico de las cursantes revueltas en los países  árabes, muy especialmente en Siria. Será un Ramadán de sangre

Lo que no se acaba de entender en principio es la percepción política occidental de lo que allí ocurre, especialmente por parte de Estados Unidos. Desde un principio sí cupo advertir que las revueltas políticas de Siria, en las que prevalece la exigencia de que se desmonte la dictadura de partido único, traían un fondo de complejidad que las hacían bien diferentes de las del resto del mundo árabe. La imbricación siria con Irán, su involucración con el inestable Líbano, el juego de Hezbolá junto al norte de Israel, la dinámica de Hamás al sur del Estado judío y el riesgo de que una intervención acabe por afectar a Israel, son factores que explicarían esa pasividad internacional ante lo que está ocurriendo en Siria. Y dentro de esa pasividad occidental destaca la norteamericana. No entraron los americanos en lo de Libia y se repliegan de Afganistán, mientras que de Iraq llevan bien adelantada la evacuación. ¡Como para hacer nada con el régimen de Damasco !No está la marquesa para tafetanes!