El eje, recompuesto y engrasado

Sonó por fin la flauta que indica el camino para salir del marasmo generado por el terremoto griego. Y no sonó ciertamente por casualidad sino por haberse sentado las condiciones necesarias para ello.; es decir, porque el eje franco-alemán se recompusiera y fuera engrasado por el Banco Central Europeo. Ha sido pues el triángulo formado por la canciller Merkel, el presidente de Francia, Sarkozy, y el también francés Trichet, presidente del Banco Central Europeo.

Ninguna casualidad, en efecto. Acuerdo en la Cumbre europea por la integración de los respectivos puntos de vista, incluida parte de la condición “privatista” alemana para el segundo rescate de Grecia, y amago de amenaza por parte de las angloides agencias de calificación, en el sentido de posiblemente considerar una quiebra parcial la participación de los acreedores privados en la operación.

Amago que viene a poner de manifiesto la existencia de flancos institucionales descubiertos, indefensos, por ausencia de previsiones en la historia constituyente del euro mismo. Algo también apuntado desde la ecuación de poder europeo que ha hecho posible la propuesta del Eurogrupo de rebajar el interés de los créditos, y de alargar los plazos del rescate.

Esa línea axial franco-alemana engrasada por el BCE viene a dar sentido que el Eurogrupo ultimase, junto al rescate para Grecia, una suerte de “plan Marshall” de la Unión para impulsar la competitividad y fortalecer el crecimiento. Cosas ambas que se habrían gravemente resentido, como advirtió el Fondo Monetario Internacional, si no se apostaba de manera franca y sin mayores titubeos por “más Europa”; consideración que suscribió ciento por ciento dos días después Durao Barroso, presidente de la Comisión Europea.

Complemento – muy esperanzador – de ese género de opción es que el Fondo de Estabilización pueda dar préstamos a las naciones con problemas, aunque no estén incursas en procesos formales de rescate. Ello abre ahora una interrogante ante la respuesta que vaya a encontrar en parte de unas agencias de calificación incursas sistémicamente, en su conjunto, dentro de un clamoroso y sospechoso silencio, desde la ausencia de notas suyas sobre el encrespado mar por el que navega la economía norteamericana. Una derrota donde la FED emula a los hermanos Marx en aquella película en la que el tren proseguía la carrera, ardiendo a paladas su madera, en la caldera que alimentaba el enfebrecido fogonero.

Las paladas en este caso son las galopadas que se dan las rotativas que imprimen los dólares norteamericanos.

Perece llegada la hora, por tanto, de que tras de la aceptada consigna de “más Europa”, propuesta por el FMI y asumida desde la Comisión de Bruselas, sobreviniera otra desde el propio FMI para que se dijera algo así como que hace falta “más sintonía, coherencia y congruencia occidental” frente a la sobrevenida ralentización de las recuperaciones respectivas en ambas orillas de la comunidad atlántica. Tan necesitada de sinergias para no quedar descolgada del proceso de expansión de Rusia, India y Brasil. ¿Una OTAN de las cuentas públicas y las disposiciones privadas? No son sólo las lentejas lo que los occidentales nos jugamos, desde dónde estamos, para los tiempos que vienen. Menos paladas a la caldera americana y más engrase para el eje europeo.