El Islam, en tectónica de placas

Un Tribunal especial de Naciones Unidas ha dado por fin con la autoría del atentado que en 2005 acabó en Beirut con la vida de Rafik Hariri, que había sido Primer ministro de Líbano, y 20 personas más, al estallar un potentísimo explosivo al paso de la comitiva oficial en que viajaba el político suní, apoyado por el Gobierno de Arabia, país en el que había hecho su fortuna.

Al cabo de los cinco años que han durado las investigaciones se ha identificado a cuatro dirigentes de Hezbolá, el partido/milicia de los chiíes libaneses que tiene el apoyo político de Siria y la financiación económica de la República Islámica de Irán, cabeza del chiísmo político en el mundo musulmán, mientras Arabia representa la “jefatura” del sunismo dentro del universo coránico.

Aunque el Golfo del Petróleo es el área principal de confrontación, ésta alcanza el extremo oriental del Mediterráneo dentro de la parcela nacional libanesa, donde a su vez se muestra en cierta manera lo que podría ser a largo plazo en Europa el despliegue del diferencial demográfico entre sociedades nacionales de base cristiana y la comunidad musulmana resultante de la inmigración, por causa de la poligamia como factor multiplicador de ésta. La mayoría de población cristiana maronita que un día pudo haber en Líbano se invirtió un día a favor de los musulmanes, y de la fragmentación de éstos en diferentes sectas y escuelas doctrinales, con su correspondiente expresión política, surgió la inestabilidad en que se resuelve el juego parlamentario libanés. Y es en la patología extrema de esta inestabilidad, con episodios graves de terrorismo, donde se fraguó el atentado contra Hariri, cuya autoría ha descifrado el referido tribunal onusiano.

Aunque en este caso el magnicidio libanés no obedeció a sólo una génesis política endógena sino que tuvo mucho que ver la sombra histórica de Siria sobre Líbano, a la que estuvo históricamente ligada hasta el momento de la descomposición del Imperio Otomano tras la derrota de éste, del Imperio Austrohúngaro y el de Alemania en la Primera Guerra Mundial. Por eso tras el atentado contra Hariri las más de las sospechas se volcaron desde el primer momento sobre el régimen de Damasco como supuesto inspirador del mismo. Inspirador o no, la identificación de gente de Hezbolá como autora el magnicidio, permite entender sin mayor dificultad que este partido/milicia armada del chiísmo, operó entonces como la “longa manus” de Teherán.

Se ha dicho, creo que con razón, que con la descomposición por la causa dicha del Imperio Otomano, desaparecieron los equilibrios en que se concertaba la estabilidad del Oriente Próximo y Medio. En el tiempo histórico precedente, quizá el efecto central de su derrota en Lepanto fuera que poco después invirtiera sus preferencias por el Mediterráneo Occidental y se orientara sostenidamente, de una parte hacia Europa central y los Balcanes y de otra contra Persia, expulsándola del actual Iraq – cuya mayoría chií respetó – hasta más allá de la desembocadura del Éufrates y el Tigris, formando el Chat el Arab, en el Golfo del Petróleo.

Dentro del Imperio Otomano y el sunismo que representaba, éste tuvo relación pacífica con las demás corrientes del Islam y con otros religiosos. Con la Turquía moderna las cosas siguieron igual, pero la Revolución Islámica del ayatolá Jomeini, en Irán, se rompieron tales equilibrios. Jomeini desafió al Golfo en general, y los Petroestados, con su tutor estadounidense, armaron a Sadam Husein para que Iraq cargara contra Irán en una guerra que duró ocho años. Politizados, armados y enemistados suníes y chiíes por impulsos políticos desde 1979, experimentan ahora en la base última de sus convicciones, una suerte de tensión casi geológica, como la propia de la tectónica de placas, que aflora en la superficie cual si fueran terremotos. Así la efusión/represión de Bahrein, resuelta por el Consejo de Cooperación del Golfo, y también buena parte de lo que sucede en Yemen, donde bullen asimismo los chiíes de la Península Arábiga. Y de la misma parecida, en 2005, el asesinato de Rafik Hariri. Cuya autoría se ha identificado ahora. Pues eso, tectónica de placas como en la catástrofe de Fukushima.