Manifestarse también en Marruecos

A una semana del referéndum constitucional marroquí, para la aceptación o el rechazo del nuevo traje político del reino, los manifestantes han vuelto a la calle en las principales ciudades del país, sobre todo en Casablanca. Pero no todos ellos se han pronunciado en el mismo sentido. La mayoría, en los más de los casos, lo han hecho para rechazar la propuesta con el argumento de que es una salida procedente de la corte, del Majzen, que no se corresponde con el sentir y las pretensiones de las mayorías populares. Frente a éstas, movidos por el Gobierno con toda la pertinente aportación de recursos para que el número creciera en proporciones internamente disuasorias y externamente persuasorias de la limpieza del proceso, han salido los otros manifestantes.

Como no podía ser de otra manera se han producido incidentes, por fortuna ninguno de mayor cuantía hasta el momento: lanzamientos de piedras y centelleos de arma blanca bajo el sol de verano. Para la promoción y defensa del proyecto constitucional frente a quienes – seguramente asesorados por algún profesor de Derecho Público, con lo que se prueba que las protestas y rechazos no vienen desde la desinformación y la incultura – rechazan la iniciativa de lo que se llama una Constitución “otorgada”, impuesta desde arriba; es decir, con el argumento de que ese modelo político que se ofrece no tiene fundamento en principios democráticos, congruentes con lo que piden las mayorías, sino con lo que corresponde a la naturaleza del género de poder que aspiran a cambiar, para que sea genuinamente democrático, como el que apunta al cabo de las revoluciones tunecina y egipcia – cuyos costes económicos, por cierto, se han traducido en la volatilización práctica de sus ingresos nacionales por turismo -.

El problema del sistema marroquí de poder estriba en la condición no digerible o compatible con la democracia, con lo cual el cambio que se propone en el nuevo diseño constitucional es solamente un cambio cosmético. Se le echa un poco de agua a la condición sagrada del poder del rey, que atiende por el nombre de Comendador de los Creyentes Emir Almuminim, el Miramamolín de la Historia medieval de España. Siendo el más poderoso y rico de todos el derrotado en la Batalla de las Navas de Tolosa, el año de 1212; cuyos tesoros, tomados en botín por el rey Sancho el Fuerte de Navarra, fueron tan cuantiosos que permitieron a éste actuar como banquero de sus pares europeos durante todo su reinado.

Desde el ancho fondo de protesta social que anima la revuelta democrática en el capítulo marroquí, habrá algunos instalados en la convicción de que este Miramamolín y su corte tendrán amasado igual o varias veces superior al que tenía el derrotado en las Navas de Tolosa, a mediados del mes de julio aquel año. Escapó el derrotado a uña de caballo y dejó sobre el campo, dicen las crónicas, no sólo el oro sino también los cuerpos de 60.000 combatientes. Fue tanta la podre expandida al pie de Despeñaperros que los ganadores de la batalla – por cierto una empresa europea con formato de cruzada – no pudieron tomar posesión del territorio conquistado.

Pues a lo que estábamos ahora. Mohamed VI propone su desacralización, pero al Islam se le mantienen, respecto de las demás religiones, prerrogativas de fe sin vuelta atrás, que no pueden abandonar quienes la profesan. Otro cambio nominalista que propone la nueva Ley Fundamental es el de Primer ministro por presidente del Gobierno; pero con un nombre o con otro no tendrá base democrática suficiente esta figura, que no será resultante automática del veredicto de las urnas sino de los designios del rey. También la “regionalización” que se propone en la Carta tiene mucho de qué hablar; principalmente en lo que respecta al matute que Mohamed VI y el Majzen quieren hacer con el Sahara Occidental, anexionándolo al Imperio Jerifiano como una región suya, luego de que el Tribunal Internacional de La Haya, antes de la “Marcha Verde”, resolviera que Marruecos carecía de cualquier título histórico de soberanía sobre el territorio y sus habitantes.

No se tiene noticia de que se hayan visto saharauis entre los componentes de las manifestaciones oficiales durante el pasado domingo.