Se levanta la veda del Islam

Sabido de casi todos es que “la verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero”. Entre quienes componen esa mayoría inmensa que reconoce lo evidente figuran los jueces de Ámsterdam que han absuelto a Geert Wilders, político holandés de la derecha extrema, de los cargos de incitación al odio y discriminación contra los musulmanes. Los magistrados han entendido que las críticas de Wilders no iban dirigidas contra los que profesan la fe de Mahoma, sino contra el Islam en general. Una ideología que entiende “peligrosa para los valores occidentales”.

Tal y no otro es el quid de la cuestión. El impacto sobre nuestra forma de vida de esa polar por la que se orientan muchos cientos de millones de creyentes coránicos dispersos por el mundo, muchos de ellos instalados en Europa, desde el principio de la descolonización habida en la última posguerra mundial y, luego, sobre las condiciones económicas y sociales creadas por el proceso social y económico de la integración europea. El problema es esa fe coránica, hostil antaño y ajena hogaño a la existencia y a la esencia del ser de Europa. Algo que, por las dichas causas, cuestiona en términos existenciales el alma y el futuro de la cultura europea. Pone en discusión, el Islam, nuestra forma de vida.

Dice el despacho de Efe que recoge el desenlace judicial de este asunto, que Wilders había manifestado su actitud crítica frente ante la militancia coránica; calificándola de “ideología peligrosa para los valores occidentales”. De ahí que haya interpretado su absolución judicial como “victoria de la libertad de expresión”; y, por ende, que también el Islam, desde la absolución  que se le ha dado, puede ser criticado de forma abierta. Sin que valga veda o prohibición alguna.

“No es victoria para mi mismo sino también para la libertad de expresión” – ha puntualizado el político derechista holandés, que suscribe en común con los liberales genuinos la percepción de que esa libertad de expresión es tanto como el eje en torno al cual giran el resto de las libertades políticas en Occidente-.

Este desenlace judicial y la historia que lo ha precedido tienen un interés incuestionable desde muchos puntos de vista; pero especialmente en lo que respecta a las doctrinas por las que orientan las relaciones internacionales en el entero mundo. Por más que, en este caso, no sean propiamente las relaciones en cuestión, la de los musulmanes instalados en Occidente, no sean estrictamente relaciones “internacionales” sino atípicamente intracomunitarias. Al encontrarse los islámicos instalados dentro de una sociedad occidental cuya cultura, sus formas de vida primordiales, no se corresponden con la suya.

Con lo cual, se creado una situación que es de coexistencia de valores en el mejor de los casos. Sí, puesto que tal situación puede resolverse en colisión y conflicto cuando la parte “invitada” o posada entre los otros, pretende que éstos, los anfitriones, acepten como propios límites que sólo pertenecen al código de los recién llegados durante una o varias generaciones. Éstos, exigiendo fueros totales para su propia cultura y para su misma excluyente civilización, demandan un multiculturalismo que ensancha su espacio en el mundo y, en idéntica medida, reduce el del mundo occidental.

Aceptar esa pretensión del islamismo, en Holanda y en otras sociedades occidentales, específicamente europeas, era cosa que estuvo hasta ahora integrada en el paquete caludicante de lo “políticamente correcto”; principalmente, en la escena doctrinaria de las izquierdas que se muestran beligerantes contra los valores del cristianismo, en su expresión estrictamente religiosa y en lo que respecta a su secularizada expresión política.

Esos jueces de Ámsterdam, en su sentencia sobre el Wilders beligerante contra el Islam aunque no contra los musulmanes, han definido una perspectiva distinta y actualizada en torno a tan importante particular. Un planteamiento enraizado en los de su compatriota holandés Hugo Grocio, creador con los teólogos españoles de la Escuela de Salamanca del moderno Derecho de Gentes y acuñadores de los principios de la Guerra Justa.

Conviene refrescar la memoria sobre tales fuentes del pensamiento jurídico ante la expansiva conflictividad de la presión islámica sobre la cultura europea y occidental. Una presión que incluye desde el terrorismo de Al Qaeda a la insistencia de los musulmanes pacíficos en exigir a Occidente igualdad de derechos para las culturas nacionales de acogida. En Ámsterdam se ha sentenciado, en defensa de las libertades, que es lícito oponerse a esa pretensión de los islamistas, pero también frente a sus agnósticos aliados.