La “peste hanseática”

Pasan los días cuando las averiguaciones sólo han llegado a la confirmación de que la peste bacteriana de una cepa resultante de una mutación extraña de la bacteria Coli, la emperatriz de las heces en mamíferos de muy diversa condición, nunca estuvo bajo los plásticos hortelanos de Almería ni por los camiones que llevaron los pepinos hasta Hamburgo; sobreviene la evidencia de la sistémica metedura de pata del Gobierno alemán y de la federada Administración hamburguesa, niveles germánicos de poder administrativo y político, que indebidamente imputaron a la horticultura española la responsabilidad de las infecciones.

Hasta ayer mismo parecía confirmarse la parálisis reverencial del Gobierno de ZP mientras crecía la bola de la crisis. Semejaba navegar éste con el piloto automático, carente de arrestos para poner los puntos sobre las ies y reclamarle a Berlín y a Bruselas que paguen los platos rotos de la enorme metedura de plata cometida con nuestras hortalizas. En tal estado de cosas, multinacionales alemanas de la distribución alimentaria, se han vanagloriado de cerrar las puertas a nuestras hortalizas en seguimiento de la premiosa respuesta oficial. Así estaban las cosas hasta que ayer el presidente Rodríguez habló telefónicamente con la canciller Merkel, pero no para felicitarle por el anunciado cerrojazo a las centrales nucleares sino para concertar con la Comisión Europea la indemnización a los agricultores españoles que en justicia corresponde.

No necesariamente en reciprocidad por los frutos recibidos de la torpeza alemana, y en modesta subrogación a la demorada respuesta gubernamental española que no se había  aun producido, pese a la enorme cuantía de los daños derivados de tanta patosidad germánica, usaremos de la lógica explicativa que aporta la Historia en cuanto se refiere a la relación existente entre la causa-efecto de las pestes, las ratas negras y los barcos que las traían a los puertos de Europa desde Oriente.

Resulta que Hamburgo, el espacio alemán donde ha eclosionado el foco bacteriano de marras, es hanseática ciudad portuaria, y por ello receptora de mayor cuantía de productos llegados desde los lugares más diversos de la Tierra. La enorme amplitud  de los puntos de origen de las mercancías desembarcadas en Hamburgo obliga a considerar el riesgo y los peligros que se derivan del presumible descontrol sanitario en muchos de los puntos de embarque; y junto a ello, la probabilidad de que pudieran haber concurrido fallos en el control clínico-veterinario del puerto de Hamburgo; fallos que, de haber existido, habrían fundamentado la hipótesis de que camiones empleados para la distribución de lo infectado, hubieran sido los vectores de la propagación de las bacterias pestíferas. Si. Por haberse utilizado posteriormente tales camiones en la redistribución de las hortalizas europeas – españolas, holandesas, francesas o italianas – llegadas al mercado central de Hamburgo.

Estará la hipótesis de la peste hanseática todo lo traída por los pelos que se quiera. Pero no mucho más de cuanto lo estuvo, por parte de las autoridades alemanas, la hipótesis de los pepinos españoles como los responsables de este novísimo y extraño cólera al que por ahora nadie ha conseguido parar en su medieval y tan preocupante expansión.

Y aunque la Agencia europea encargada de la investigación precise que la infección “se extendió a través de alimentos contaminados en Alemania”, ello no contradice la explicación de que una cepa “muy rara”, con un brote en Corea el año 2005 y ocho casos en Europa, el año 2008, pudiera haber entrado en nuestro espacio comunitario a través del puerto de Hamburgo, por ser ese ámbito dónde se han concentrado las infecciones, con resultado de 17 muertes y 1.500 afectados hasta ahora. Otros alimentos que las hortalizas pueden haber sido, desde las circunstancias dichas las materias difusoras de la “peste hanseática”.