Inasumible regreso de Zelaya

Algo inadvertido, de mucho peso, está pasando en la Organización de Estados Americanos (OEA). El tal Manuel Zelaya, que fue depuesto de la presidencia de Honduras por la decisión conjunta de los otros dos poderes del Estado, el Legislativo y el Judicial, acusándole de golpismo – intento de cambiar la Constitución para ser reelegido – y de complicidades en el narcotráfico, regresa a Tegucigalpa, donde le esperaba el socialista chileno y Secretario General de la organización interamericana José Miguel Insulza, después de 16 meses de dorado exilio en la República Dominicana.

El regreso de Zelaya, al cabo de un rocambolesco proceso de presiones políticas y asedios diplomáticos encabezados por la España de ZP, sobre el poder interino de Roberto Micheletti, como presidente de hecho tras de la destitución, es episodio reabridor de un debate que nunca pudo darse por zanjado, por cuanto que Honduras permaneció castigada, fuera de la OEA, arrastrando con ello la privación de toda clase de ayudas, auxilios y créditos internacionales.

Estas penalizaciones han sido la causa de que el actual presidente hondureño, Porfirio Lobo, se viera forzado a suscribir en Cartagena de Indias el acuerdo pactado por los presidentes de Venezuela y Colombia, mientras que José Miguel Insulza, el secretario general de ls OEA, ha seguido oficiando desde el primer momento su escandalosa tercería como apoderado del chavismo venezolano, del que cabe decir que ha dependido por entero su reelección en dicho cargo crucial de la organización interamericana.

La razón del “primum vivere” ha determinado que el presidente Lobo,  cercado su país por la más sórdida penuria, y luego de ser elegido democráticamente en las últimas presidenciales hondureñas, haya tenido que pasar por la aceptación del regreso de Zelaya, a quien los poderes constitucionales del país, máximos órganos de la  soberanía nacional hondureña, apartaron del poder por extralimitarse en sus atribuciones constitucionales, además de imputarle la comisión de delitos de derecho común relacionados con el tráfico de drogas.

Informes fidedignos llegados al departamento norteamericano de Estado determinaron  que éste cambiara de política y abandonara el cerco a Honduras, todavía durante el mandato interino de Micheletti. Daban cuenta estos informes de la relación de escalas aéreas utilizadas por el narcotráfico en territorio hondureño; escalas que se interrumpieron  desde el desplazamiento del poder del ganadero liberal que se hizo socialista para ingresar en la orquesta hemisférica del chavismo.

Fue aquella una operación que implicaba la maniobra – como en la misma Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua – de convertir los mandatos presidenciales en virtualmente vitalicios, tras de hacer el pertinente cambio constitucional y la manipulación electoral de la representatividad de los votos según los supuestos que en cada caso conviniera. De tal forma se permite a los “revolucionarios” chavistas privar a los respectivos sistemas políticos, formalmente democráticos, del mecanismo liberal de la alternancia, del poder político turnante. De tal manera, no hay cambios de gobierno que permitan preservar la integridad de las reglas de juego democrático.

Hasta ahí quería Zelaya llegar cuando fue depuesto y quedó incurso en las referidas responsabilidades. Pero ahora ha regresado a Tegucigalpa con su familia y con su sombrero, siendo recibido por una multitud acarreada en autobuses desde muchos lugares del país, porque para eso y parecidos menesteres dispone de sobrados recursos para gastos la capital del chavismo.

Caracas ha puesto lo necesario para los autobuses de la buena y desinformada gente, y para Zelaya, un avión privado, con el que arribó también en compañía de Nicolás Maduro, ese fino conductort de la diplomacia venezolana actual. Por lo que se ve, José Miguel Insulza no llegó también en el mismo vehículo aéreo de la empresa  “Socialismo del Siglo XXI”, por causa de que no cupiera, sino que, por razón de su específico cometido, tenía que estar antes en la capital hondureña.

Mención aparte es la que merece el coautor de este bodrio político-constitucional, el por todos los conceptos sorprendente presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, que ganó las presidenciales de su país después de haber eliminado militarmente, como responsable de Defensa, en sucesivas operaciones militares, a los capitostes de las Farc, y que ahora ha venido a darse el pico con el más importante valedor externo que nunca tuvo el narcoterrorismo colombiano.

¿Significa el pacto sobre Honduras, con elecciones para 2013 en las que concurra Zelaya, que existe otro pacto para que, real y efectivamente, la Venezuela de Chávez cierre fronteras y retire apoyos a la narcoguerrilla?

Aun en el dudoso caso de que fuera así, es más que discutible la oportunidad y la justicia de que el proceso hondureño de depuración institucional, se haya echado por la borda; lo mismo que la propia solvencia moral de la OEA. A Chavez le ha salido todo políticamente muy barato, de momento. Veremos qué pasa después.