Obama certifica y premia la ola

El presidente de Estados Unidos ha cosido con una sola puntada dos temas tan distintos en principio como ha sido la caza y eliminación Osama Ben Laden, de una parte, y de otra, los avances conseguidos en la democratización en los Estados árabes del norte de África; principalmente, el cambio político formalmente consolidado en Túnez y en Egipto. Dos países de tan diferente entidad cualitativa y cuantitativa dentro del conjunto que integran la Liga Árabe. Enlaza así la diplomacia de Washington dos órdenes temáticos que, en principio y a primera vista, no parecían tener entre sí sustanciales puntos de contacto.

No parecía pero sí los hay. La cosa no viene de que se haya sabido ahora de la existencia de un video grabado por Laden días antes de que lo cazaran – en el que por cierto se dirigía a los de la ola del cambio, alentándoles -, lo importante en esta hora es el lógico interés de Washington en que los yihadistas seguidores del saudí no sean beneficiarios de las situaciones nuevas que se van creando, y que, además el islamismo genérico tampoco sea el factor político preponderante en los nuevos escenarios abiertos a la democracia.

Este interés es lo que parece dar entero sentido al “Plan Marshall” que la Casa Blanca ha anunciado ayer con el mensaje presidencial dirigido a tal conjunto de países. El proyecto de ayuda, cuya aplicación y desarrollo comienza con la condonación de la deuda egipcia con Washington, calculada en unos 1.000 millones de dólares, más la aportación de garantías para que Egipto pueda obtener créditos nuevos, ayude a este conjunto de países árabes al desarrollo de sus economías como base para la modernización social y el asentamiento de instituciones democráticas.

Será lo normal que este Plan Marshall gire en torno de un Egipto que es tanto por demografía como por cultura, la pieza mayor del conjunto de Estados que aglutina la Liga de Estados Árabes. Pero aparte de las concretas ayudas que puedan beneficiar a Túnez y los otros Estados de la región cuyos cambios políticos no han logrado consumarse, lo más importante a considerar en este mensaje al Oriente Próximo pronunciado ayer por el presidente Obama es la inclusión dentro de este proyecto de las entrevistas presidenciales con el rey de Jordania y con el Primer Ministro israelí, Benjamín Netanyahu, con quien no ha logrado entenderse hasta ahora respecto de sus negociaciones con los palestinos, cuyas dificultades han crecido exponencialmente ahora con la paz política entre los de la OLP y los de Hamás. Un cambio que ha resultado de la transformación de poder habido en Egipto tras del derrocamiento de Hosni Mubarak, y que ha modificado las referencias en el inacabable proceso para la creación del Estado palestino.

El hecho de que los palestinos de la Cisjordania y los de la Franja de Gazah hayan hecho las paces en virtud de la mediación del nuevo régimen egipcio, y de que los palestinos de Hamás hayan dejado ver que estarían dispuestos, dentro de unas determinadas condiciones, a reconocer a Israel, significa que Irán ha perdido un as que tenía en su política sobre Oriente Próximo. Y esto es cosa que previsiblemente será abordada hoy por Obama en el encuentro previsto con Netanyahu.