Claves en paralelo

La física del proceso es igual en la ola contestataria patrón del norte de África, contra la esclerosis política y la corrupción económica, y el eco de ese proceso árabe en el escenario electoral español; un eco detonado, puntualísimamente, en el ápice de la campaña, al que arriban los dos grandes partidos con la sabida diferencia de expectativas que certifican los sondeos de opinión. Pero entre uno y otro caso cabe advertir otras singularidades.

Sería la principal de todas la diferencia temática entre uno y otro discurso de protesta. Allí, globalmente, la implosión de un sistema político-social surgido tras del proceso descolonizador. El paradigma europeo de Estado como forma de estratificación social orientada por el Derecho y articulada en clases, con sus oportunidades de cambio individual y movilidad interna dentro del conjunto; de libertades, en fin, y de oportunidades en todos los órdenes. Ese horizonte fue algo que se diluyó con el paso del tiempo y la ausencia de los presupuestos culturales que preceden la maduración de los procesos democráticos. Algo que ha venido a remedar, parece que en medida suficiente, la globalización de las comunicaciones en red.

Aquí, sin embargo, la protesta resulta de la acumulación de los resultados de la crisis económica. Una crisis que además de generarlos en términos de frustración personal y familiar, lo ha hecho de forma especialmente severa, con niveles de intensidad tan por encima de nuestro entorno europeo. Con el volquetazo, en fin, que ha supuesto la caída desde el superado punto de convergencia hasta la divergencia brutal que expresan las tasas de paro. Nada que ver todo esto con la frustración y el desencanto de las jóvenes poblaciones norteafricanas tras las penurias causadas por la corrupción política y la estafa ideológica de unas izquierdas articuladas conforme moldes variablemente sovietizantes, especialmente en los casos aquellos donde apareció el petróleo, como en Libia y Argelia, que dio paso a fantasías políticas y latrocinios inconmensurables.

Pero en el caso árabe, un poco tardíamente, y en el caso español del “15 de Mayo” desde primera hora, se ha venido a plantear la pregunta sobre quienes o qué fuerza puede lucrarse de las justas protestas que han movido estas dinámicas de protesta y sus demandas de cambio. Tales son las claves que subyacen en los dos escenarios. Allí, como se ha puesto en evidencia, quien cortará el cupón del proceso, beneficiándose del cambio, será el islamismo, por cuanto compendia la radicalidad de la protesta contra al fracasado nacionalismo árabe. Y aquí, por lo que se consigue entrever, la radicalidad puede estar situada dentro del extremismo izquierdista en un hipotético propósito de dinamitar el tren de la cantada victoria electoral del centroderecha en las urnas del domingo.

La justa indignación de unos jóvenes a los que se les cierra el futuro, la protesta de los jubilados a los que se les reduce el presente con la congelación de las pensiones, además del espectáculo de inaceptable promiscuidad de poderes que expresa la nefasta gestión gubernamental y el discurso de cierta Banca, componen una masa crítica de descontento social a la que se debe preservar del riesgo de que se le apliquen detonantes de cualquier tipo y presentación.

En términos de claves explotadoras de las protestas, el islamismo de allí, en el norte de África y Oriente Próximo, tiene su paralelo en un manipulado radicalismo izquierdista de aquí, por las plazas de esta expectante España.