Schengen, papel mojado por la ola árabe

Se espera para este martes la llegada a Roma del presidente Sarkozy. Después del incidente político-diplomático creado entre Italia y Francia, tras de impedir las autoridades galas la entrada en su suelo de trenes cargados de pasajeros tunecinos previamente desembarcados en la isla de Lampedusa, huidos de la quema, es decir de la inseguridad y las angustias subsiguientes a la llamada “Revolución de los Jazmines”. Llamada así porque coincidió la caída de la dictadura del Ben Alí (el autócrata socialista que se estableció para décadas en el poder luego de jubilar políticamente a Habib Burguiba, su auténtico tutor político) con el temprano advenimiento de la primavera en la costa norteafricana. Y con la primavera, la eclosión de tal perfume por las enramadas de ventanas, balcones y jardines.

Nada pudo oler peor sin embargo para las relaciones hispano-italianas que esta utilización humanitaria de las franquías para los desplazamientos de los nacionales de los países miembros de la UE. Unos movimientos que presuponen, añadidamente, los de aquellos otros originarios de terceros Estados cuya entrada ha sido autorizada en el espacio común por el Gobierno de cualquiera de los integrantes de la UE. Fue en este caso el de Silvio Berlusconi el que dio entrada en espacio italiano – y por ende en territorio de la Unión – a los dichos refugiados escapados de la inseguridad revolucionaria de su propio país, a riesgo de perder la vida en su huida por mar, donde murieron decenas de ellos.

Un lote de muchos miles de refugiados reexpedidos de un solo golpe por Italia a Francia disparó las alarmas. Y los franceses, buenos son ellos para este tipo cosas, pararon el convoy en la frontera. El problema cayó como una bomba sobre la mesa de la libertad de movimientos dentro del espacio común europeo. El Acuerdo de Schengen había devenido en estricto papel mojado. O no tan estricto. Más propio sería decir que tal acuerdo era materia si no de desacuerdo, sí de discusión. Que es en lo que se está debatirá en Roma. Nicolás Sarkozy llega este martes al Quirinal para lidiar el problema con Silvio Berlusconi.

El asunto tiene un calado metapolítico e incluso metajurídico. El detonante, desde la isla de Lampedusa hasta la frontera italo-francesa, es problema de estricta humanidad. Por ese lado ha venido a abordarse también desde la geografía itálica por el propio Vaticano, al referirse el Papa a la necesidad de que Europa sea sensible a estos problemas que puntualmente tienen más de petición de asilo que de opción migratoria en pos de una mejora de las condiciones de vida Lo demás son ni más ni menos que problemas políticos y distingos jurídicos. Piruetas conceptuales cuando dialécticamente se quiere hacer el distingo – por lo demás necesario – entre lo que sería la suspensión no necesariamente definida del Acuerdo de Schengen y la suspensión por un tiempo determinado del mismo, pudiendo ser éste a su vez inscrito en el corto, medio o largo plazo. Tal y no otro será el temario que hoy aborden en el Quirinal el presidente de Francia y el Primer ministro de Italia. Y en cualquier caso, no sólo serán problemas de este género los que dimanen de la ola revolucionaria árabe, con sus complejas consecuencias institucionales y funcionales. A la vista está la repercusión económica del capítulo libio, al provocar una tensión crítica en los precios del petróleo, capaz de abortar la recuperación económica y la salida de la crisis. Y si esto puede advertirse, ¿qué no podrá suceder también, cabe preguntar, si el oleaje lleva al régimen sirio a seguirse despeñándose en los términos de la represión a lo húngaro/soviético de 1956, teniendo como tiene Siria al lado la herida apenas cicatrizada de Iraq – y muy infectada por Al Qaeda -; y otro tanto más al Este y al Sur, todo el petróleo del Oriente Medio?