Distingos en la ola libertaria

Mientras en Francia, dentro del partido del presidente Sarkozy, se alzan voces reclamando que la OTAN ponga pie a tierra en Libia para que fuerzas militares especiales desplegadas por el terreno puedan informar al mando militar sobre la evolución de los objetivos que son batidos con el arma aérea, por Siria se recrudece la represión contra los manifestantes en la propia medida que éstos aumentan en número y se multiplican los escenarios urbanos donde bate el oleaje, correspondiendo éstos ya, tras de los iniciales escenarios del sur y luego Damasco, a lugares como la ciudad industrial de Homs y el enclave portuario de Latakia.

Insisto en considerar de nuevo lo otras veces apuntado a propósito de los embates de la ola libertaria sobre el régimen sirio, por la específica complejidad de este turno y desde la insistida denuncia, por las autoridades sirias, de la concurrencia de activismos inducidos desde el exterior o participados directamente por agentes del salafismo. Algo, esto último, que no ha de ser necesariamente falso por ser denuncia que coincide con otras del mismo tenor hechas en Libia por la dictadura de Gadafi.

Se trata, posiblemente, de uno de los frentes más de cuantos concurren en el oleaje de las protestas dentro de la geografía cubierta por los Estados de la Liga Árabe. No estaríamos únicamente ante una dialéctica bidimensional, de libertad contra genérica autocracia en unos casos o estricta tiranía en otros. Tal dialéctica es cierta y está presente en la práctica totalidad de los casos. Pero hay más. Existe otra dialéctica, tan cierta como la primera aunque más difusa y por ello menos perceptible, que es la que enfrenta a los residuos del nacionalismo árabe con las reavivadas brasas del islamismo, que no es siempre de expresión terrorista.

La dialéctica tridimensional que resulta de la entrecruzada concurrencia de este factor tan de fondo, se compadece más con la realidad de las cosas que la sólo bidimensional – libertad contra autocracia – desde la que todos los días se está considerando la ola del cambio en el norte de África y el Oriente Próximo.

Desde tal triple consideración de las fuerzas concurrentes se obtiene una gráfica más completa y conforme a lo que realmente se está librando a lo largo de esta dilatada secuencia de cambio. Gadafi, en Libia, es responsable de una violencia incompatible con el decoro humano, aunque posiblemente no le falte más de un punto de razón cuando denuncia la forma con que probablemente los islamistas de su vecino Egipto se pueden haber infiltrado ya entre las huestes de los rebeldes, luego de haberlo hecho en su propio país hasta conseguir el derrocamiento de un régimen, el egipcio, cuyo partido fundador estaba ideológicamente homologado por la Internacional Socialista, al igual que el tunecino de Ben Ali.

Esto de la supuesta infiltración islamista potencialmente terrorista en el seno de la ola libertaria, es tanto como una olla que no ha sido todavía sostenidamente destapada. Primero se dijo que se había detectado islamismo entre los rebeldes libios y pronto se vino a decir que los servicios occidentales de Inteligencia sólo habían detectado rastros de ello muy poco significativos…

Ya veremos, lo mismo en Libia que en Siria. En este segundo caso el Gobierno denuncia específicamente la presencia de Al Qaeda, infiltrada desde Iraq, como uno de los motores de las protestas populares; un motor al que acompañan otros, para la agitación y la propaganda contra Assad, que funcionan desde Occidente con eficacia probada. En régimen de factura que le pasan a Damasco por su alianza política con la dictadura islámica de Teherán.