Sombra populista sobre Europa

Las elecciones finlandesas, con el gran salto adelante del cartel ultranacionalista “Finlandeses Auténticos”, de Timo Soini – que se ha colocado en segundo lugar como formación parlamentaria en Helsinki, y roto el histórico equilibrio de fuerzas en ese país, lo mismo que otros en esa región se habían roto antes -, han dado aparentemente al traste, diríase que por saturación, de un estado de un prolongado cuentas dentro de la estabilidad política de la Unión Europea.

Consensos de que de forma general se daban más que como establecidos para siempre, casi como una consolidada civilización política, han poco menos que saltado por los aires con los avances de un populismo nacionalista. Adverso al gran pacto entre el centro-izquierda socialdemócrata y el centro-derecha en el que se funden ingredientes democristianos y liberales.

Lo que se daba por resuelto en términos de principio, ha hecho quiebra por causa del peso de las sobrevenidas circunstancias. Por razón de la crisis económica y del estado de desequilibrio en que ésta ha encontrado las cuentas fiscales de unos cuantos, especialmente griegos, irlandeses y portugueses. Pero hay más. Están sobre todo los factores generados por el hecho de la emigración extraeuropea en el conjunto de la UE, y de los desplazamientos internos de europeos sobre otros espacios de ese mismo conjunto institucional al que pertenecen.

Crisis y desacomodación sumadas al impacto estructural de la crisis económica, aportan cuadros de perturbación dentro de muchos quicios nacionales. Escenarios propicios todos ellos para el levantamiento de los populistas discursos identitarios. Es decir, para el general sarpullido nacionalista. Semejante a lo que ahora ocurre en la Europa global, ocurrió hace siglo y medio en España. Fue cuando la industrialización. En el momento que las desamortizaciones generaban desarraigo laboral masivo por el campo, y parte de los sin trabajo emigraban hacia los lugares en los que el hierro de aquí y el oro de la América que se emancipaba, hacían surgir las primeras fábricas.

De muy parecidos principios y ciertas paralelas circunstancias se nutre el discurso identitario de ahora en Finlandia. Un paralelo proceso al de la previa caída de la socialdemocracia sueca y al de los avances de la ultraderecha en Dinamarca, Noruega, Dinamarca, Holanda, Austria, Suiza y Francia. La sombra del populismo, de la tentación por las respuestas simplificadas, no sólo se extiende electoralmente por Europa, sino que, por vías como la de Finlandia, cuestiona los mecanismos de la Unión para ir al rescate de los socios que naufragaron.

Sólo faltaba estaba irrupción de la victoriosas huestes de los “Finlandeses Auténticos” para que se complique al paso la maniobra del Banco Central Europeo, de plantarle cara a la inflación con la subida de los tipos, para que las economías más fronterizas de Portugal – por ejemplo la española – vean recrudecerse sus dificultades a la hora de remontar los propios pagos de deuda, y para evitar que la “estanflación” les atrape como en un pantano. Con intereses crecientes y crecimientos del Producto Interior apenas por encima de cero.