La UE añade castigo clínico a Gadafi

Los todopoderosos de hace nada en el norte de África padecen ahora proceso por la Historia. Eran la ley, inicua en demasiadas ocasiones, y ahora se sientan en el banquillo dispuesto por sus victoriosos enemigos, que podrían haber sido sólo adversarios si hubieran lidiado de mejores y más contenidas maneras, el trance de la disputa por el poder. Todos los ahora juzgados – y los aun por juzgar, como el tunecino Ben Alí – forman mayoritariamente un paquete generacional que sido cazado por el cambio histórico.

Ha sido colisión traumática de generaciones. Ahí está la penosa comparecencia de Hosni Mubarak, héroe del nacionalismo árabe y gran valido regional, en el Oriente Próximo, del Imperio norteamericano, acosado por la Fiscalía y el infarto. Y ahí espera, más para un antes que para un después, otro conspicuo del nacionalismo naseriano, Muamar el Gadafi, al que para no pocos le quedan cuatro telediarios en su jaima de las mil y unas trampas y bellaquerías.

Otro tanto le ocurre el gerifalte de Yemen, Alí Abdullah Saleh por el que nadie da un dinar luego de que ayer tres de sus más importantes generales se pasara a la oposición; nadie excepto sus protectores dinásticos desde el Golfo del Petróleo. Y nada digamos del argelino Buteflika, superviviente de mil trampas y conspiraciones, al que las gumías pasan cada vez más cerca de su gaznate; sobre todo después de la machada estudiantil en la última manifestación de Argel. Mientras a su mal avenido vecino de Rabat, al que la bulimia y la avaricia le vuelven ciego para las necesidades de su pueblo, donde aun le aguantan sus nobles y abnegadas gentes; obligadas a emigrar cuando pueden y cortejadas por el islamismo local. Al que va importándole una higa la condición semisagrada del budesco Miramamolín.

Del Assad gobernante en Damasco es pronto para decir nada con pretensiones de aceptable validez conclusiva. Siria es pieza demasiado importante para que la presión internacional contra su violenta esclerosis política y frente a la tupida red de intereses creados en casi medio siglo de poder establecido, tengan impacto significativo contra la determinación de permanecer por parte de los gerentes del sistema. Un régimen, el sirio, sólidamente apalancado por las petro-monarquías del Golfo, que mantiene singulares relaciones con el islamismo de los persas, que ven tensarse críticamente las suyas con los otros aliados de Assad. Ello le confiere a éste condición de puente que en Riad no permitirán que se rompan, si la ola del cambio salta por encima de la Mezquita de los Omeyas y el tsunami impone el cambio.

Aunque lo que toca ahora, ya que nos referimos al Golfo del Petróleo, es a la cita política de Qatar, en la que los representantes del Consejo Nacional para la Transición en Libia, cita a la que ha acudido el ex ministro de Asuntos Exteriores, director de los Servicios de Inteligencia y lugarteniente del dictador, Musa Kusa. Pero los rebeldes no le han querido recibir porque no se sabe qué papel real está jugando desde que escapó a Londres hace dos semanas. Por eso y por sus largos años en la más inmediata proximidad con Gadafi; tiempo en que ocurrieron sucesos mayores de terrorismo, como la destrucción, sobre la vertical de Lokerbie, en Escocia, de un avión norteamericano de pasajeros, y de otro, francés, cuando volaba sobre el Sahara.

Entre las 20 delegaciones internacionales que figuran en la alianza internacional contra Gadafi y que han acudido a la cita qatarí, figuran las de países de la UE que el martes se reunieron en Luxemburgo, a nivel de ministros de Asuntos Exteriores, para acordar nuevas medidas económicas de sanción contra la cúpula de la dictadura libia, y para expresar su disconformidad con la dirección, en la OTAN, de la campaña militar. Con toda razón, la entienden desajustada con lo que exige de la parte civil de la población. Una disconformidad, en fin, que no es sólo con la OTAN sino con EEUU. Que delegó en ésta tal cometido y, además, entiende que la OTAN lo está haciendo bien.

Este desencuentro anglofrancés con Washington tiene precedentes históricos de gran trascendencia en el escenario norteafricano y para las relaciones euro-americanas. Precedentes a los que me referiré en otro momento.