Demolición por deserción

Es la otra batalla, bien distinta de la que enfrenta a Gadafi con los rebeldes del Consejo Nacional de Libia. Es la batalla de la demolición interna del régimen, por deserción y/o traición de sus leales; lo que titulo “demolición por deserción”. Si al ministro del Interior, general Fattah, siguió al de Justicia, Mustafá Abdeljalil – ahora en el Consejo Nacional -, ha sido el de Exteriores, Musa Kusa, quien por el paso fronterizo tunecino de Ras Jedir, toma las de Villadiego y vuela a Londres – donde estuvo muchos años antes de su responsabilidad ministerial, preparando las armas para las responsabilidades como jefe en los servicios de Inteligencia -, y aterriza en el aeropuerto de Farnborough, al que no tiene acceso la aviación comercial. Puestos a bien pensar, pensemos que haya podido ser un vuelo inducido, cocido y aliñado por la Inteligencia británica; con la que tendría muchos e importantes contactos desde sus tiempos londinenses.

El currículo de Musa Kusa resulta pintiparado para una peripecia como ésta, de tan puntualísimo interés en los tiempos que corren por la Tripolitania y la Cirenaica. Kusa, de quien se informa que jugó un papel clave en el abandono libio de sus proyectos nucleares durante la presidencia norteamericana de George W.Bush, – precedido también este abandono del uso del terrorismo como recurso de política exterior – es muy probable sujeto de algo más que una simple deserción. Roma no le hubiera compensado porque no pagaba traidores.

El salto de Musa Kusa puede haber sido preparado, dentro de la propia Libia, por los agentes británicos o norteamericanos de los que allí se encuentran, probablemente desde las vísperas del estallido de la revuelta, y que ya hicieron acto de presencia en el rescate de los pilotos estadounidenses que cayeron en el desierto tras sufrir una avería su avión, durante las primeras misiones realizadas para imponer la exclusión aérea. Cabe entender con bastante fundamento que estemos ante algo más que una simple deserción.

Y si ello fuera así es muy fácil concluir  el valor crítico de la información que Musa Kusa habrá pasado ya a estas horas a sus interlocutores británicos. Aparte del interés puntual que puedan tener sus aportes informativos, lo más importante es que lo aportado por él es, simultáneamente, de alcance estructural e importancia sistémica. Todas y cada una de las alternativas de “estado mayor” que el Ejército de Gadafi tenga sobre la mesa, estarán ya sobre la mesa de la OTAN, y sobre todo de los británicos y franceses. Que insisten en no perder iniciativa ni protagonismo.

Ante situaciones así creadas al régimen libio con la defección de sus puntales, ¿qué le queda a Gadafi en las manos para sostenerse? Se abre así la posibilidad de que el Dictador empiece a considerar la conveniencia de abrirse a una salida negociada  que permita, a él y a los suyos, salir del atolladero aprovechando la vía italiana que ha ofrecido su amigo Berlusconi. Sería lo más conveniente para todos cuantos piensan en términos de economía de conflicto y de alternativas que quepan sin problemas dentro de los términos de la Resolución l973  del Consejo de Seguridad.

Tanto puede perder Gadafi por derrota militar al cabo de uno de estos vaivenes, como por implosión de su régimen. Demolido por las deserciones y por las traiciones.