Vaivén en la guerra de Libia

Gadafi aprovecha los últimos compases en la toma del mando militar por la OTAN, de la acción aliada sobre la campaña líbia, en aplicación de la Resolución 1973 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. De nuevo ha reconquistado el enclave petrolero de Ras Lanuf, obligando a replegarse hacia el Este a las huestes del Consejo Nacional. Y es en esta concreta tesitura cuando por parte norteamericana se considera qué tipo de ayuda le cabe aportar a las fuerzas rebeldes para que, en ningún caso, quepa alegar – por parte de la Liga Árabe o el islámico aliado turco – que ello contraviene los términos de dicha Resolución. Pues la intervención internacional, según la misma, se circunscribe a impedir que la represión gadafiana de la revuelta se resuelva en daño de la población civil.

Hay más, sin embargo. La eventualidad de que la ayuda norteamericana a los rebeldes excluya, al menos de momento, la entrega de armas estaría ligada al hecho de que éstas pudieran caer en manos de terceros relacionados con la violencia islamista: grupos ligados a las huestes de Al Qaeda, o integrantes de las huestes libanesas de Hezbolá, detectados por los servicios de inteligencia militar estadounidense.

Pero las precisiones no son mayores. Nada se dice que haya de concreto en este sentido, aunque en principio parece lo más probable que en la turbamulta de integrantes de las fuerzas que combaten a Gadafi se encuentren alqaedanos estrictos y gentes del amplio espectro de los Hermanos Musulmanes. A los que el régimen nacionalista libio reprimió ruda y sistemáticamente, encarcelándolos de forma masiva.

Esta probabilidad es un riesgo advertido desde el primer momento, cuando el Consejo Nacional de Libia organizó las milicias para defenderse de las represalias del dictador. Pero no se trata de un riesgo específico de la revuelta libia, sino de una genérica probabilidad en todos y cada uno de los escenarios estatales en los que tiene lugar la rebelión. Y es así en la propia medida que las protestas y demandas de libertades comparecen en un formato de rebelión contra las autocracias en que acabó cristalizando el nacionalismo árabe. Desde los tiempos del presidente egipcio Naser, que plantó cara al islamismo partidario del califato universal frente a la cristalización estatal del proceso descolonizador.

Son realidades éstas que obviamente estarán en los análisis de las condiciones históricas en que se ha producido la ola democratizadora en el norte de África y en el Oriente Medio. Y desde tal perspectiva analítica, el problema libio, más allá de sus crudas especificidades patológicas, es uno más. En consecuencia, cuanto se haga respecto del mismo –incluido el destino de Gadafi y de su jarca, para el que Italia pide se negocie su exilio –, habrá de ser tenido en cuenta a la hora de dar salida a los demás gobernantes depuestos en los casos que triunfe cada revuelta. Con independencia de que las respectivas mayorías victoriosas sean islamistas o laicas.

El crucigrama libio es, por tanto, problema trabado dentro de un conjunto de problemas de idéntica o similar naturaleza. Algo para lo que en su actitud, por parte de los aliados occidentales, ha de encarar el propio dato de que junto a ellos se encuentra la Liga Árabe. Es decir, una estructura política internacional en la que se encuentran representados los Estados que son objeto del problema.

Pero al mismo tiempo hay que señalar también la complejidad interna de la alianza euro-americana, que compone el torso de la intervención correctora del conflicto libio. Pues si Estados Unidos actúa, o deja de hacerlo, con un ojo puesto en Afganistán y en Iraq, dentro de la UE Francia, con su autonomía energética nuclear, opera –como siempre- yendo a la suya. Y Alemania, desde su dependencia energética del gas ruso, se desmarca – al aire de Moscú – del concierto de los europeos.

La UE cruje por su eje (franco-alemán) y al Tratado de Lisboa le sobreviene un tufo ciertísimo de papel mojado. Por su diversa radiactividad, los tsunamis, sísmicos como el de Japón, o políticos como el del mundo árabe, nos alcanzan a todos los europeos.