Siria: emergencia como estado

Efectivamente, un estado de emergencia desde l963 acaba por convertir la emergencia en un estado natural e inamovible de las cosas. Bajo un remedo de legalidad, la suspensión tan demorada de las libertades termina por resolver los derechos en un precipitado de piedra pómez. En una mineralización de la vida política, reemplazada por el pulso de la vida social, porque éste, como la vida, toda es estrictamente irreprimible.

Tan obvio era que las cosas no podían seguir así que el propio poder, al cabo de decenas de muertos en los disturbios de las últimas fechas en la localidad de Deraa, próxima a la frontera siria con Jordania, ha reconocido la insostenibilidad de lo que durante tanto tiempo se ha sostenido. Pero el trasfondo de estos acontecimientos es que el Baas sirio, hermano gemelo del que hubo en Iraq hasta la caída de Sadam Hussein, ha sido utilizado por el poder de fondo imperante en el país de la misma manera que los ventrílocuos utilizan los muñecos. Con ese recurso cabe decir cosas, como las que en Damasco se han dicho, que en directo resultan muchos más difíciles de pronunciar que de esta otra manera. Han sido unas declaraciones oficiales en régimen de boca de ganso.

Sin embargo, más relevantes aun que las cosas internas del régimen sirio, todo eso que podríamos llamar el texto interno de la situación, son las cosas externas, de contexto, en la que todo ha venido a producirse. Arrancando del marco general del proceso, el de la ola de cambios en el mundo, hay que detenerse enseguida en dos referencias fundamentales. Una es el hecho de que Siria continúa en estado técnico de guerra con Israel y es la otra que, asimismo, guarda una sintonía sistémica con la República Islámica de Irán, aunque el chiísmo no es la corriente musulmana mayoritaria o preferente en el mundo que se gobierna desde Damasco.

Uno y otro punto se encuentran relacionados. Así, el estado técnico de guerra con Israel da cierto sentido al apoyo sirio al Hezbolá libanés, milicia chií que además de oficiar formalmente la sombra de Siria sobre el País de los Cedros, es tanto como el brazo armado de la República Islámica de Irán que se proyecta sobre el norte de Israel, con el que ya libró una guerra hace cuatro veranos. Y además de eso, la relación especialísima entre Damasco y Teherán, es la que ha dado y sigue dando soporte al movimiento palestino de Hamás, que en diciembre de 2008 provocó una guerra que hundió la paz que negociaban los otros palestinos, los de la OLP, con el Estado Judío para la conversión en otro Estado también de la Autoridad Nacional Palestina (ANP); negociación que habría de enlazar asimismo con la de la paz entre Israel y Siria.

Indica todo esto que el capítulo sirio que se acaba de abrir en el libro vivo de las revoluciones árabes no es un capítulo más, pues la suya es una diferenciación muy cualificada, por su anclaje estructural de relaciones con Irán. Extremo este que aproxima el caso sirio al caso bahereini, donde no pocos quieren ver la sombra y la”longa manus” del radicalismo chií ahora imperante en la antigua Persia.

Lo de Siria, por tanto, podría decirse  que tiene mucho de cuestión aparte, dentro del tsunami político árabe, en el que se reitera la rebelión contra tantos poderes petrificados en situaciones de emergencia consolidada.