Bahrein es otra cosa

La misma medicina que cura a un enfermo puede matar a otro. Bahrein, uno de los diminutos emiratos del Golfo Pérsico que andan por el mundo solos, y cuyo Ejército arrasó la acampada en la Plaza de la Perla, centro de la Manama, la capital, ha demostrado que los espejismos no se dan únicamente en el desierto. Cuatro muertos y muchas decenas de heridos a las segundas de cambio, ejemplifican tal evidencia. Esa plaza no sería como la de Tharir, en El Cairo, porque tampoco el Ejército local es como el egipcio ni el resto de los supuestos de hecho tienen nada que ver entre sí en uno y otro caso. El espejismo de los chiíes de Bahrein ha sido un espejismo poliédrico, de muchas caras y muchos contrapuestos vértices.

Lo de menos es que Egipto sea un gigante demográfico de más de 80 millones de almas y Bahrein un minúsculo Estado de 2.640 Kms. de superficie con una población de sólo 645.000 habitantes, de los cuales el 40 por ciento de ellos son extranjeros, en tanto que la mayoría autóctona resulta políticamente asimétrica, puesto que la casta gobernante sale de la minoría suní, mientras que la mayoría gobernada, y que se siente por ello sojuzgada, es chií. Algo anómalo en cierto modo dentro de aquel universo en su parte arábiga, pues hacia el sur corresponde normalmente a mayorías musulmanas suníes, que son los gobernantes, en tanto que las minorías son chiíes y, por tanto, lógicamente gobernadas.

En ese mundo, obviamente, no se puede ir con aquello del importantísimo librito de Tocqueville, “La democracia en América”, de que el marchamo de lo genuinamente democrático es el respeto a las minorías. Pero hablar de lo liberal en cualquiera de las orillas Golfo Pérsico, la suní hacia el sur y la chií hacia el norte (desde Irán hasta Iraq), es como mentar la soga en casa del ahorcado. Pues es aquél universo de la Media Luna la antítesis de la Ilustración, del Siglo de las Luces.

Ocurre también a propósito del grave percance represivo de Bahrein que aparte de la escandalosa asimetría político-demográfica, se imbrican allí como las escamas de los peces y las tejas del tejado los factores regionales de riesgo y de conflicto. El más importante de todos, el de la gravitación iraní, advertida automáticamente por los representantes bahreiníes del chiísmo local, en el sentido de que a ellos no les movía el impulso de Teherán. Ese factor de gravitación estructural del chiísmo hace probable más que sólo posible que el régimen iraní intente de algún modo sacar partido del sangriento asunto de Bahrein, aliado estrechísimo de Estados Unidos por ser base de apoyo en el Golfo para la V Flota desplegada en el Océano Indico.

Lógico es por ello mismo que Washington haya tenido que pronunciarse en términos naturalmente críticos sobre los hechos acaecidos en Manama. Y al hacerlo no sólo le habrá movido la propia gravedad de la masacre sino la necesidad de salir al paso de las esperadas reacciones iraníes frente a lo sucedido; reacciones, además para taparse y para defenderse de su oposición interna, la de Musavi y Karubi. Contra las que ha movilizado para este viernes a sus seguidores, partidarios y secuaces.

Otro espejismo de la ola egipcia y tunecina de consecuencias asimismo sangrientas, es el habido en Libia, donde el radio y profundidad de la represión tardarán en saberse.