P/I93, otro estado más

Mientras los egipcios siguen el juego del Sokatira, como llaman en Vascongadas al deporte de tirar de la cuerda, unos enfrente de los otros, pues el poder remanente (¿), el “mubaraquismo” insiste en imponer sus iniciativas para el cambio desde el Estado, la plaza del Tahrir, colmada de manifestantes, la calle, porfía en que todo se haga desde el Kilómetro 0, o sea desde el abandono del poder por el presidente Mubarak; en tanto el mundo contempla con la respiración contenida, asombrado, tanta perseverancia y cumplida tenacidad de unos y sus opuestos, otros episodios africanos, ciertamente que mucho menos llamativos y trascendentales, también ligados al Egipto contemporáneo lo mismo que al antiguo, como son los sudaneses, han seguido adelante hasta desembocar en el nacimiento de un Estado nuevo, al que provisionalmente llamaremos P/13.

Tal fue el veredicto del referéndum celebrado a lo largo de una semana y cuyos resultados se acaban de conocer, con el resultado del 98,3 por ciento de los votos favorables a la segregación de la parte meridional de Sudán: componente de un país diferente del Sudán del Norte – islámico y árabe -, de población negra y de religión en parte cristiana y en parte a animista, carente de infraestructuras de todo tipo como resultado de una historia de postergación desde que la independencia llegó a Jartum, la capital del norte, y con el Nilo como única base para la comunicación y el mejor transporte entre una y otra parte.

Pero queda entre ambos grandes territorios sudaneses, sólo unidos y sostenidos por el tracto histórico de la colonización, un tercer espacio. Promete ser la manzana de la discordia. Es la región petrolera de Abyei, cuyo destino – el de irse al Norte o quedarse en el Sur – se habrá de definir también en otro referéndum. Es alternativa incluida en el Acuerdo General de Paz suscrito en 2005, con el que se puso fin a las guerras crudelísimas de los semitas árabes norteños con las etnias nilótidas del sur.

El nacimiento de este nuevo Estado africano, con nombre digamos que de submarino, ha sido saludado poco menos que con júbilo por Ban Ki-moon, el surcoreano que dirige la Secretaría General e Naciones Unidas. Pero ni a él ni a nadie escapa la oscuridad del futuro que le espera, sensiblemente más negro que el de sus habitantes y pobladores. La total carencia de infraestructuras y equipamientos es soporte para la práctica totalidad de los malos augurios y los peores presagios. Todo puede pasar y mucho más de lo malo que de lo bueno.

El petróleo de la región de Abyei es dato tan relevante como de ambigua naturaleza, tanto si en el referéndum correspondiente cae para el Norte como si los naturales de la región lo adjudican al Sur. Como en tantas ocasiones, el oro negro podría ser la manzana de la discordia. Parecen más que sobradas las condiciones para que este Sudán del Sur se incorpore a la nómina de los Estados fallidos, y acaso por eso mismo se evidencia la necesidad de que internacionalmente, por vía de la propia ONU se dispusiera alguna especie de fideicomiso o protectorado compartido por varias potencias, que tutele su despegue y administre sus hidrocarburos y demás riquezas naturales.

Sobre el autor de esta publicación