El manifiesto centrista sobre el Estado de la Unión

Reconsiderando aquello de que en tiempo de tribulación no hacer mudanza, el presidente Obama, en su discurso sobre el Estado de la Unión, ha impreso un tono notoriamente centrista y manifiestamente ortodoxo, de reducción del déficit. Mucho del cambio programático con el que fue elegido, será recortado, como anticipó la retirada de inmediatos colaboradores.

Muy sintomáticamente, la flexión hacia el centro se ha producido en el primordial asunto de la economía. No podía ser de otra manera. El pulso mortecino en la recuperación norteamericana, ha tenido su reflejo más notorio con la débil expansión del empleo. Y este dato, como no podía ser de otra manera, es el principal causante de la severa caída de la popularidad presidencial.

De ahí en adelante, la tónica del mensaje se orientó a la glosa del paralelismo entre la debilidad de la respuesta norteamericana frente a la crisis y la potencia con que las economías emergentes, muy especialmente de China y la India, están contestando al desafío económico global.

Desajuste muy parecido – en términos de pérdida de liderazgo – al históricamente experimentado en el contexto de la Guerra Fría, con ocasión del lanzamiento por la URSS del primer satélite espacial. La capacidad de respuesta de Estados Unidos, mostrada con el primer viaje a la Luna, ha sido la imagen a la que en esta ocasión se ha recurrido desde la Casa Blanca para promover la conciencia nacional de que es posible rescatar el espacio perdido en la carrera hacia la recuperación económica plena y la restauración del liderazgo global.

Aunque la materia primaria del mensaje presidencial ha sido la economía, el recurso principal del presidente supone tanto como un alegato en pro del rescate de la conciencia nacional. Aparte de que el asunto, ocioso es decirlo, tiene una clara lectura para españoles, apunta en su componente de rectificación y ajuste, a la idea de que los estrategas de la Casa Blanca trabajan desde la hipótesis de que resulta nuevamente factible remontar desde el batacazo electoral de noviembre, tal como remontaron Clinton y Reagan hasta ganar sus segundos comicios presidenciales, tras de idéntico tropiezo en el ecuador de su respectivo primer mandato.

Es de notar, sin embargo, que en tales precedentes operaron alternativas de política económica muy claras, igual en el caso de Clinton como en el de Reagan, mientras que ahora, por las características de la crisis actual, principalmente por la forma en que se han librado de ellas las grandes economías emergentes, principalmente China y la India, y las productoras de determinadas materias primas, mientras que en las llamadas occidentales, trabadas en el mismo cuadro sistémico, tienen ante sí un panorama en el que, primordialmente la economía norteamericana, les será muy laborioso generar el volumen de empleo necesario para rescatar los votos que Obama necesita para vencer en las presidenciales de noviembre de 2012 y permanecer en la Casa Blanca un segundo mandato. Hubo mucha tribulación para prevalecer con tanta mudanza como quiso.